La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Entrañable cruz de mayo itinerante

Por fin me encontré un pasito y me congratulé. Forman parte del mobiliario urbano de la ciudad en estos días de mayo. Minúsculos pasos mejor o peor acabados, pero siempre con el voluntarismo de motor para ponerlos en la calle. Cruces de mayo callejeras, itinerantes, sin nada que ver con las que antaño se montaban en los patios. Son como el semillero para capataces y costaleros, más para lo primero que para lo del costal. Cruces de mayo que surcan nuestras calles, mayormente las del centro, en busca del lucimiento de una chavalería que va sucediéndose generacionalmente para una tradición de las auténticas. Pasitos que se montan con toda la ilusión de que son capaces chavales de los barrios de Sevilla, de esa Sevilla que ya calienta motores con vistas al Rocío, que está ahí mismo. Los echábamos de menos y por fin me encontré con uno y fue en una calle cualquiera.

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