La tribuna

antonio Montero Alcaide

Equidad y excelencia educativas

SI bien la equidad denota disposiciones del ánimo que mueven a dar a cada cual lo que merece, su acepción vinculada al análisis de los resultados escolares alude a la capacidad de los sistemas educativos para asegurar el éxito del alumnado, contrarrestando las diferencias familiares de carácter socioeconómico. Pero este empeño no deja de ser una situación ideal y bien difícil de alcanzar. Por otra parte, no cuesta entender el alcance de la excelencia educativa: esto es, conseguir que los alumnos obtengan los rendimientos más satisfactorios en las escalas con que se valore su logro. Y la relación entre esos dos conceptos, equidad y excelencia, es una dialéctica tan interesante como controvertida. Principalmente, porque, antes que la complementariedad, se argumenta la preferencia por una u otra, y, con eso, los sistemas educativos -el reconocimiento de sus logros- se caracterizan por el grado de equidad o de excelencia que alcanzan.

Adelantada esa intención "ideal" de asegurar, equitativa y universalmente, buenos logros del alumnado, es necesario subrayar tres claves que orienten los empeños y, claro está, las políticas educativas. En primer término, pruebas internacionales de evaluación del alumnado, como el PISA de la OCDE, corroboran, de manera consistente, que una posición socioeconómica desfavorable guarda relación directa con un peor desempeño escolar. En el promedio de los países de la OCDE, los estudiantes más desfavorecidos registran el doble de probabilidad de encontrarse entre los que obtienen peores desempeños en lectura, si se comparan estos últimos con los resultados del alumnado de condiciones familiares socioeconómicas más favorecidas. Estas diferencias pueden alcanzar hasta el progreso correspondiente a dos cursos de la escolaridad obligatoria, luego el efecto es relevante.

Segunda clave: analizados los sistemas educativos de distintos países y economías, se constata una variación del grado en que los resultados de aprendizaje se asocian a los contextos socioeconómicos; es decir, tales contextos no resultan determinantes y las políticas educativas pueden marcar diferencias. Y tercera: cabe lograr resultados de aprendizaje equitativos a la misma vez que alcanzar altos desempeños de los estudiantes; o, dicho de otro modo, los sistemas educativos pueden aminorar la influencia de los contextos socioeconómicos en los rendimientos escolares.

Tales claves se evidencian, de manera expresa, con la comparación de resultados tras distintas aplicaciones, cada tres años, de la prueba de lectura del PISA. Así, considerado el periodo 2000-2009, se aprecia que países como Chile y Alemania registran variaciones estadísticamente significativas de mejor desempeño y niveles de equidad; del mismo modo que Portugal se sitúa en este grupo, con especial mejora de los rendimientos. A su vez, reclama atención que sistemas como el de Finlandia presenten, en el periodo estimado, pérdidas, con significación estadística en este caso, de los niveles de equidad; así como de equidad y desempeño en Suecia. En este grupo de países con disminución en los dos ámbitos figura asimismo España. Y si bien tales pérdidas no alcanzan una significación estadística, el hecho de que se no se modifiquen los niveles de excelencia y equidad en casi una década sí debe estimarse, teniendo en cuenta la evolución de los logros del sistema y su orientación a la mejora. Cierto que el grado de equidad del sistema educativo español es apreciable y que su rendimiento se aproxima a la media de la OCDE, pero los niveles de excelencia resultan claramente mejorables.

Sin embargo, estas referencias no son las que sitúan el debate sobre la próxima reforma del sistema educativo, más emplazado en cuestiones "simbólicas" o de mayor calado ideológico, por otra parte no desdeñables. Es el caso de la enseñanza de las distintas religiones -de oferta obligatoria en los centros y de opción libre y voluntaria para las familias-, de la consideración de las calificaciones obtenidas en tal materia, o del carácter transversal o específico de contenidos relacionados con aspectos éticos. Pero no en la misma o mayor medida, como es necesario, el análisis estima la evolución de los resultados del sistema educativo, del absentismo y abandono escolar del alumnado, de la obtención de la titulación básica por el mismo, de las opciones que se abren antes de concluir la escolaridad obligatoria, de la influencia y efectos de las pruebas de "reválida", de la formación inicial del profesorado, de la profesionalización del ejercicio directivo, de la naturaleza del currículo y de los contenidos y criterios de evaluación que estima. Y de la perentoria necesidad de dar estabilidad al sistema educativo para que las reformas no queden sólo en papel de BOE.

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