La ciudad y los días

Carlos Colón

Eruditos a la violeta y gamberros

ANTE el fracaso de la ley antivandálica, la concejal del Partido Popular Amidea Navarro ha denunciado que la ausencia de agentes locales durante las noches de los últimos meses está provocando que los actos vandálicos se estén incrementando considerablemente. Añadiendo, como informábamos ayer, que "últimamente se han recibido muchísimas llamadas de vecinos asegurando que están desesperados porque llevan mucho tiempo con pintadas en sus fachadas y cuando las limpian, al día siguiente vuelven a tenerlas". Sobrada de razón está. Discrepo de ella y de su partido, sin embargo, cuando afirma que el PP no está contra los grafiteros, ya que "es un arte que se debe apoyar". Ni creo que sea un arte ni, en el caso de que lo fuera, que se deba apoyar. Porque cada vez estoy más convencido de que con el dinero de todos sólo se debe apoyar el arte que es patrimonio de todos, es decir el consensuado por el juicio de la razón y del tiempo, y no el que depende de la subjetividad del gusto, los caprichos de la moda y el esnobismo de los preciosos ridículos o eruditos a la violeta que, como rijosos corregidores estéticos enamorados de jóvenes molineras trasgresoras, se hacen el lifting intelectual de apuntarse a lo último para no parecer anquilosados.

También discrepo de su confianza en la reeducación. Sólo se puede reeducar a quien previamente ha sido educado; y si se ha renunciado a educar en valores y conocimientos, si el sueño de la pedagogía ha creado monstruos de arrogante ignorancia, difícilmente podrá un reeducador rehacer lo que los educadores no hicieron.

En el caso del grafiti, además, no se puede ignorar su carácter banalmente provocador y gamberro. La idea de que el Ayuntamiento debe habilitar un lugar en la ciudad "para que los grafiteros puedan dedicarse a pintar libremente y legalmente" peca de inocencia o desconocimiento. Los grafiteros no ensucian o pintarrajean las calles porque no tengan dónde hacerlo, sino porque ello está en la esencia de su "arte". Ya les podrían dedicar el Museo de Bellas Artes entero y su futuro anexo de Monsalves, que seguirían haciendo lo que creen que es su misión: guarrear fachadas y cierres. La cosa por ello sólo tiene una solución a largo plazo: educar rigurosamente. Otra a corto plazo: multar. Y en el caso de que se declaren insolventes -en esto sí estoy de acuerdo con la concejal- cumplir como condena trabajos sociales. Así se amortizarían siquiera en parte los dineros públicos que no tenemos, y tan necesarios son para otras cosas, que se gastan en borrar esas "obras de arte" que convierten la ciudad en una pocilga.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios