SI en plan adivina adivinanza les preguntan cuál es la carretera más larga del mundo, pueden contestar con la misma sorna que en Utrera: la autovía A-376. Si les replican que eso es imposible porque dicha vía de comunicación mide tan sólo 24 kilómetros, pueden responder como haría un utrerano ducho en las obras públicas: "Es la más larga porque se empezó a construir en un siglo y se terminó en otro". Efectivamente, la Sevilla-Utrera es digna del libro Guinness de los récords, porque se proyectó para que se acabara antes de la Exposición Universal de 1992, se empezó en 1990 (siglo XX) y no se terminó e inauguró hasta el penúltimo día de 2008 (siglo XXI), de ahí que, además de sacarle chistes, los utreranos la hayan rebautizado sarcásticamente como la Vía Láctea'y el Escorial de la Campiña. La delegada de Obras Públicas de la Junta, Salud Santana, ha querido justificar el ritmo de tortuga en la construcción de la autovía con el feble argumento de que se ha hecho por tramos. Pero, ¡si por tramos se construyen todas las carreteras! ¿O no es por tramos acaso como está licitando y ejecutando el Ministerio de Fomento la SE-40, una obra de mucha mayor complejidad (túneles bajo el Guadalquivir), longitud (77,6 kilómetros) y presupuesto (439 millones) y que sin embargo se ha comprometido a rematar a lo más tardar en seis años (para 2012) con un continuado esfuerzo inversor. Ésa es la gran diferencia con el proyecto de la Junta de Andalucía para la campiña sevillana, que ha avanzado a un promedio de 1,3 kilómetros por año. De haberse aplicado ese mismo patrón, los 393,5 kilómetros de la autovía del 92 no se habrían concluido ¡antes de 302 años! y para los 132 kilómetros de la A-49 hasta la frontera con Portugal se habrían tardado ¡101 años! Y no cabe decir que la tardanza se ha debido a la necesidad de perforar túneles en montañas y de cruzar ríos con puentes colgantes, ya que sólo se trataba de salvar la fácil orografía de la campiña. Con esta obra ha ocurrido como con la ordenación territorial del área metropolitana y los accesos a la capital: ha sido abandonada a su suerte demasiado tiempo y rematada a retazos. Una de las asignaturas pendientes de la Junta sigue siendo la vertebración de Sevilla.

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