El medio centro

Carlos Izquierdo

La España de 2010

Al margen del desenlace, nuestra selección siempre será recordada por su respeto al juego, por su concepto

IMPORTA el qué, por supuesto, pero también, y mucho, el cómo. Importa el título, por supuesto, pero también, y mucho, la propuesta de juego con la que se ha llegado hasta el final. Cada Mundial deja para los años sucesivos un ejemplo de cómo moverse por el campo, de cómo jugar al fútbol. Sin ir más lejos, el propio Joachim Löw ha reconocido que la maravillosa evolución de su fascinante Alemania tuvo su germen en la exhibición española de la pasada Eurocopa. Eso, independientemente del triunfo, la Copa y los números, ya es todo un triunfo.

Por eso es tan importante lo que ha conseguido España en este primer Mundial en suelo africano. Mientras unos renunciaban claramente a su historia -Brasil-, otros permanecían anclados en sus pétreos postulados -Italia- y algunos más se perdían en guerras internas -Francia- o vanidades sin fútbol -Argentina-, España componía cada día, sin excusa, su idea de fútbol, su bella idea de fútbol. Incluso cuando más dudas hubo, tras la derrota ante Suiza, la solución se encontró en el fútbol, en el toque, en la creencia de que así todo llegaría. Y llegó.

Con 80 años de mundiales ya en la historia, siempre suelen aparecer nombres comunes de cada edición. Al elaborar cualquier crónica sobre inolvidables intérpretes salen a la palestra la Italia del 34, la Hungría del 54, el Brasil del 70 y del 82, la Holanda del 74 y el 78, la Colombia del 94 o la Francia del 98. Incluso la selección austriaca de la década de los 30, a la que el nazismo se llevó por delante sin que pudiera dejar impronta.

Muchos de estos equipos ganaron, ya que casi siempre gana el que mejor juega. Otros no pudieron levantar ese preciado trofeo de oro macizo, pero serán siempre recordados por su respeto al juego, por su concepto de fútbol. Como se hará con la España de 2010 cuando todos peinemos canas.

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