Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Espectáculo deprimente del fútbol español

CADA día que pasa, la bola de nieve aumenta y al ritmo que va puede llevarse por delante todo el fútbol. Ya sé que suena a grandilocuente catastrofismo esto, sobre todo por la convicción de que este juego está construido con material infungible y ciertamente indestructible. Es más, si la enorme caterva de indeseables que lo dirigió desde su nacimiento en los albores del siglo XX no logró su destrucción, ¿cómo podemos pensar eso ahora?

Pero nuestro fútbol, ese hermoso juguete que se ha convertido en el más importante de los asuntos menos importantes de nuestras vidas, no puede continuar manejado por gente que se odia entre sí. Por supuesto que la irrupción en el fútbol de Javier Tebas no podía tener buenas consecuencias, claro que no, pero tampoco está dando muestras Ángel Villar de ser hombre de Estado tras llevar en la presidencia de la Federación la friolera de veintisiete años, veintisiete.

Y para colmo, un árbitro que se alinea con una parte y un intruso que se mete en la contienda para distorsionar el asunto. El árbitro parcial es el secretario de Estado y el intruso el presidente del sindicato de futbolistas que nadie acierta a comprender qué pinta en un contencioso que tiene al dinero de las televisiones como génesis del problema. Y lo hace bajo la hipocresía de la ayuda a los modestos, pero la pancarta la lleva con los millonarios que quieren contribuir menos al Fisco.

La bola va creciendo desde que el miércoles explotase la bomba de un paro, huelga o como quiera llamársele. Y por si fuera poco, el argumento legal basado en la no recuperabilidad de las jornadas de huelga que hace asomar el fantasma de que la Liga podría terminar sin haber terminado. Pobre fútbol español que, con tres equipos casi clasificados para las dos finales continentales, da este espectáculo. Cardenal, Villar, Tebas y Rubiales, vaya cuatro patas para un banco.

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