Pedro Sánchez viaja a Estados Unidos pero ni se acerca a Washington. La excusa oficial, que se trata de un viaje para tratar de "vender" España a inversores norteamericanos, sobre todo en Silicon Valley y en Nueva York. La razón extraoficial, que el presidente español no quiere exponerse a un nuevo encuentro con Biden que dure poco más de cincuenta segundos sin que el presidente americano se digne mirarle a la cara.

Se guarda muy mucho ahora de acercarse a un Joe Biden, que ha dejado bien patente lo poco que le interesa el presidente español. Es uno de los pocos jefes de Gobierno europeos al que no ha llamado por teléfono y tampoco lo ha incluido en su agenda cuando se ha desplazado a Europa.

Ni Sánchez ni la ex ministra González Laya estaban muy familiarizados con la política exterior, y el peso de España en la esfera internacional es irrelevante, aunque el presidente aparece en las reuniones sacando pecho como si conociera las fórmulas para abordar con éxito los grandes conflicto que hoy preocupan en el mundo. Cualquier español con un mínimo de conocimiento de la cosa sabe que la mejor manera de que un presidente o secretario de Estado americano te mire con interés es mencionar una sola palabra, Rota. Y desde luego les importa poco España si su Gobierno sigue tendiendo lazos a dictaduras sudamericanas a las que se niega a calificar como dictaduras y se coaliga con partidos que hacen escarnio de Estados Unidos y defiende a capa y espada a países de régimen comunista.

Sánchez tiene previsto este verano una gira africana. Sin Marruecos, cuando lo primero que tendría que hacer el presidente español es reconducir las relaciones con Mohamed VI, porque en esa contienda siempre tendremos las de perder, como bien saben en Ceuta y Melilla, los muchos inversores españoles en Marruecos o los profesionales que trabajan en el mundo de la inmigración y de la lucha contra el yihadismo. El nuevo ministro, Albares, sabe de política exterior y tiene intención de abordar el problema de Marruecos, asunto clave en el que Laya metió la pata bien metida al autorizar -con la luz verde de Sánchez- el traslado del máximo dirigente polisario a un hospital de Logroño sin negociarlo previamente con el Gobierno marroquí, como habían hecho en ocasiones anteriores presidentes y ministros más capaces. La gira africana no tiene el menor interés si no incluye Marruecos, de la misma manera que el viaje a Estados Unidos de Sánchez esta semana queda devaluado si no se entrevista con Joe Biden.

Pero así son las cosas hoy en el Gobierno español. De poca altura y muchos disgustos.

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