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Estrella y Amargura

La Estrella volverá a salir de San Jacinto. La Amargura ya está en San Juan de la Palma después de ser restaurada

Faltan menos de dos meses para el Domingo de Ramos, apenas 59 días. No se puede concebir el día feliz del comienzo de una Semana Santa sin la Estrella y la Amargura, dos dolorosas de las que cuentan con más devoción. En estos días, ambas son noticia, por diferentes motivos. La Estrella porque volverá a salir de San Jacinto, algo que no sucedía desde 1976. La Amargura porque ha vuelto al culto en San Juan de la Palma, después de haber sido restaurada por Enrique Gutiérrez Carrasquilla. Así que ahora, cuando la primavera se anticipa a mediodía y nos anuncia otra Cuaresma (que viene ya por las esquinas) volvemos a eso que tanto le gusta al capillita: el Se dice, que popularizo Carlos Schlatter en Saeta, en los tiempos de Radio Vida.

Se dice que la Estrella saldrá de San Jacinto. Y es como si volviéramos a ver a Pepe Sánchez Dubé, más joven, camino de Sevilla en una tarde de Domingo de Ramos. Como si la antigua Triana de los corrales saliera de la Cava vestida de fiesta, para contemplar a esa dolorosa que según el programa de El Correo de Andalucía, que ha escrito Filiberto Mira, "se le atribuye al maestro Juan Martínez Montañés". Y cada cual podrá añadir aquello que le recuerde a la Estrella de otros tiempos: la saeta que se quedó prendida en la memoria de un balcón, la mano del padre que ya no está, el primer beso de la novia al otro lado del río... Tantos recuerdos que atravesaron un puente de idas y vueltas.

La Estrella volverá a salir de San Jacinto, gracias a los dominicos. Aunque fray Javier Rodríguez ha quedado como el bueno de esta película (es como un nodo en blanco y negro, que vemos en otro siglo), ha contado con la comprensión de otros frailes y con un trabajo de buena voluntad por todas las partes. Los enemigos de los frailes no son los cofrades, ni los enemigos de los cofrades son los frailes. Eso anuncian las puertas abiertas de San Jacinto.

Se dice que la Amargura ha vuelto a San Juan de la Palma, restaurada por Carrasquilla. Ha recuperado el aspecto que tenía en 1996. La gente no se acuerda de aquello, sino que opina en tertulias y foros, como pasa cuando una Dolorosa es restaurada. El tópico dice que vuelve más blanca. Es lógico, porque le limpió el humo y la suciedad. A la Amargura se le nota el cambio de las pestañas, que parece un detalle insignificante, pero condiciona la expresión.

Toda restauración provoca alguna polémica. Hay detalles que dependen de apriorismos y del color del cristal con que se miran las fotos antiguas. El tiempo, que borda los sueños, ha depositado un brillo indestructible en los ojos de la Amargura.

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