Editorial

Más Europa y menos nacionalismos

LA Unión Europea nació con un mandato muy claro: avanzar en la integración política, económica y social del Viejo Continente para que nunca más se volviese a reproducir ese ciclo histórico infernal que se desarrolló entre 1914 y 1945 y que dejó su población diezmada, sus ciudades destruidas, sus campos arrasados y su industria arruinada. Había que crear un sistema común que evitase una nueva guerra civil entre europeos y que dejase atrás los viejos nacionalismos que habían llevado a Europa al desastre. Estar en la UE no es sólo aprovecharse de sus millonarias subvenciones y su peso internacional; estar en la UE es, ante todo, compartir un conjunto de valores: democracia, libertades económicas y un profundo respeto a los derechos humanos.

Esto es, fundamentalmente, lo que recordaron el miércoles en su discurso conjunto ante el Pleno del Parlamento Europeo de Estrasburgo los presidentes de los dos países locomotoras de la UE, Angela Merkel (Alemania) y François Hollande (Francia), precisamente las dos naciones cuya enemistad histórica fue el germen de los terribles conflictos del siglo XX. El discurso de los dos dignatarios no pudo ser más oportuno. En unos momentos en los que la UE vive una profunda crisis múltiple, con dificultades económicas, decenas de miles de refugiados llamando a sus puertas, el populismo xenófobo triunfando en países como Hungría, regiones como Cataluña lanzando órdagos secesionistas y la guerra arañando sus fronteras (Ucrania), tanto Hollande como Merkel quisieron dejar muy claro que en el proyecto común no caben ni los nacionalismos ni los aprovechados que sólo quieren una UE en la que todo son derechos y no existen obligaciones. "No podemos volver a pensar en nacionalismos, todo lo contrario. Necesitamos más Europa, no menos", afirmó Merkel ante un público entre el que se encontraba el Rey de España, Felipe VI. Hollande, por su parte, también fue contundente: "El nacionalismo es la guerra".

La intervención de los dos políticos no puede llegar en un momento más oportuno, cuando el primer ministro conservador británico, David Cameron, vuelve a agitar el antieuropeísmo con un cinismo insultante -"sólo me interesan dos cosas: el bienestar del Reino Unido y la influencia del Reino Unido. Créanme, no tengo un apego amoroso a la Unión Europea y sus instituciones", dijo el miércoles- y el presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, afirma, pese al resultado electoral, que dará nuevos pasos hacia el soberanismo. Junto a Hollande y Merkel creemos que, frente a los oportunistas y los nacionalismos, sólo hay una solución: más Europa.

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