Editorial

Europa en primer plano

CON la confirmación de la candidatura del Partido Popular al Parlamento Europeo, encabezada por el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, ha quedado completado el plantel de aspirantes a eurodiputados en los comicios que se celebrarán dentro de cuarenta días. Será la primera vez que los españoles podrán expresar en las urnas su opinión decisiva sobre la política nacional desde las elecciones generales de noviembre de 2011, y lo harán en una coyuntura de leve mejoría de la situación económica, aunque los problemas más graves derivados de la crisis permanecen en pie. Pero además de esta toma de temperatura de la opinión ciudadana sobre la política española, las elecciones del 25-M tienen una importancia objetiva por sí mismas. Con sus resultados se va a configurar un Parlamento con más poderes que los anteriores, en un momento decisivo de la construcción europea y con desafíos de la dimensión del que supone la expansión de los movimientos populistas y xenófobos que amenazan la esencia de la UE y la vigencia de sus tratados. Al contrario que en otras ocasiones, los principales partidos políticos españoles han intentado poner en liza a sus mejores candidatos, en la convicción de que a Europa deben incorporarse dirigentes de alto nivel y no políticos amortizados y residuos de las disputas internas. Es el caso del andaluz Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura en dos ocasiones y eurodiputado en el pasado, que en realidad aspira a ser comisario de la UE, y de Elena Valenciano, la número dos del PSOE que lidera Rubalcaba. En el caso de Miguel Arias Cañete es oportuno recordar su larga experiencia anterior como eurodiputado, lo que lo convierte en un buen conocedor de cómo se mueven los asuntos en Bruselas. Su puesto como cabeza de lista del PP lo empuja, además, hacia un posible puesto de comisario, un puesto de gran trascedencia para España. Valenciano, por su parte, tiene ante si la enorme responsabilidad de protagonizar el primer envite electoral socialista tras la debacle de 2011. El PSOE, que se juega mucho en esas elecciones, necesita presentar un proyecto europeo serio para relanzar una imagen que sigue deteriorada. Aunque es inevitable que los votantes reflejen en su elección sus posicionamientos acerca de la política nacional, deben ser conscientes de que lo que en realidad se decide en las urnas es quiénes nos van a representar en la Cámara que controlará el gobierno europeo en los próximos años. En cualquier caso, es un día, el 25-M, para tomarlo completamente en serio. Y votar en masa.

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