RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez-Azaústre

Europa no

EXISTE Europa o no existe Europa? A tenor de los discursos de los dos partidos mayoritarios para los comicios europeos, Europa en realidad es apenas un eco de los grandes envites nacionales, Europa sólo es una mera pijada burocrática. A tenor del tercer partido, la poliédrica y todavía resistente Izquierda Unida, también, aunque el calado social de las responsabilidades públicas en la crisis actual sí puede tener una dimensión europeísta. ¿Quiere esto decir que Europa sólo existe en el corazón exaltado, urbano y ágil del eurodiputado Willy Meyer? Quiere decir que aquí, en la esencia palpable de la verdad subterránea, única y sensible, Europa sólo existe como un frontón de piedra al que lanzar todas las proclamas nacionales, todos los elefantes posmodernos que aquí comienzan ya a bostezar en busca del marfil de sus retiros y de las entelequias inasibles. Europa, en realidad, sigue siendo inasible, no es una certeza cotidiana en el corazón del ciudadano y ni siquiera lo es ahora, y esto es lo grave, con estas elecciones.

Analizando el discurso de Juan Fernando López Aguilar y de Jaime Mayor Oreja, parece incontestable que Europa ya no existe o que no existió nunca en realidad. Así, para el candidato del PP, con la mano de Aznar debajo de su barba artúrica, mimando el gesto recio de este falso manso de la artillería política, hay que votarle a él para hacer pagar al PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero esta gestión nefasta de la crisis. Sin embargo, por el lado del candidato del PSOE, el mensaje no es más europeísta, que se sepa, porque según Juan Fernando López Aguilar hay que votarle porque, con el Partido Popular en el Gobierno, las medidas institucionales para paliar los efectos nefastos de la crisis serían mucho más restrictivas con las políticas sociales, como ya ocurriera en tiempos del decretazo, y sin crisis mundiales de por medio. Puede ser que Mayor Oreja obtenga un cierto beneficio del voto de castigo al Gobierno de Zapatero, del mismo modo que López Aguilar acierta al denunciar que no ha habido un Gobierno menos europeísta en toda la historia democrática de España que aquél encabezado por José María Aznar, sumiso y encendido con el nuevo eje atlántico, los pies sobre la mesa de George Bush y el desdén altivo y fatuo hacia esa "vieja Europa" a la que ahora, en su anhelo de centro reconstruido, ellos mismos suspiran por volver.

Sin embargo, ni uno ni otro hablan de Europa de verdad y de la verdad de Europa. Al español el Parlamento Europeo le queda lejos, entre otras cosas, porque ningún político frecuenta un debate político de Europa. ¿Europa entonces sí o Europa no? Europa siempre sí, pero con la honradez de hablar al ciudadano, y no sólo a los votos, del proyecto propio en una construcción continental.

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