la ciudad y los días

Carlos Colón

Éxito e hipocresía

LOS espectadores han dicho sí. La polémica y criticada entrevista a la madre del Cuco emitida por Tele 5 dio a La Noria un 15,1% de audiencia, 1,8 puntos más que la semana anterior, en la que el programa tuvo 13,3%. Traducido en número de espectadores esto quiere decir que 1,9 millones de españoles vieron el programa, 200.000 más de los que vieron el del sábado anterior. Es una buena audiencia, la mejor de esa noche, excepción hecha del fútbol; pero tampoco nada excepcional en el historial de Tele 5. El día anterior el polígrafo de Chelo García Cortés congregó a 2.178.000 espectadores y el día siguiente Aída a 3.787.000. Y las cifras verdaderamente grandes soslayan la telebasura: el pasado mes de octubre los 20 programas más vistos (que van de los 6.391.000 a los 4.047.000 espectadores) eran todos de TVE (Águila Roja, fútbol, Cuéntame, La hora de José Mota y el Tiempo 2) salvo dos de la Sexta y uno de Tele 5… que eran también partidos de fútbol.

De todas formas que casi dos millones de personas vieran esa entrevista no es una buena noticia. Alguien ha escrito que el referéndum griego que nos puede mandar a todos a la porra es una forma brutal de expresión democrática de consecuencias caóticas. Algo parecido puede decirse de las audiencias televisivas: el mando a distancia es una urna y los medidores de audiencias convierten cada hora de cada día en una forma brutal de democracia que puede tener -está teniendo- consecuencias éticas caóticas. El público manda. Y sus órdenes tienen mucho que ver con su nivel educativo. Las audiencias televisivas son un excelente indicador indirecto del nivel educativo y cultural.

Pero más grave que estas cuestiones me parece la hipocresía de los medios -prácticamente todos- que se llevaron las manos a la cabeza por la entrevista a la madre del Cuco para ponerlas inmediatamente sobre el teclado y dedicarse a transcribirla en parte y comentarla. Si tan grave e inmoral disparate era, nada más efectivo que hacerle el vacío informativo. Las televisiones privadas en abierto viven de venderle sus audiencias a los anunciantes. Después del bajón de espectadores lo que más temen es el silencio, no dar que hablar, que sus programas no tengan eco. Y lo que más agradecen, porque refuerza su influencia, es la repercusión mediática que multiplique el impacto de sus programas.

En este sentido la citada entrevista fue un triple éxito: congregó a casi dos millones de espectadores, atrajo a medio centenar de anunciantes y al día siguiente (esa misma noche en las ediciones digitales) todos trataron de ella pese a que nada informativamente relevante aportó.

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