Azul Klein

Charo Ramos

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Extraña forma de vida

Es raro que nuestros políticos concedan tanta importancia a la cultura y el mecenazgo como en el Día de Portugal

Amalia Rodrigues escribía poemas y suya es la letra de uno de los fados más desgarradores, Extraña forma de vida, que su voz popularizó apoyada en los arreglos musicales de Alfredo Marceneiro. "Corazón independiente/Corazón al que no mando/Vive perdido entre la gente/Tercamente sangrando". La semana pasada esos versos sonaron varias veces en Sevilla, tanto en la recepción que conmemoró el Día de Portugal y Camoens en el consulado de la Avenida del Cid como en la Feria del Libro. Una joven cantante, Ana Pinhal, sorprendió a todos los convocados con su belleza vocal y su elegancia escénica. Junto al guitarrista Francisco Almeida y su grupo, Fado Violado, versiona el fado y el flamenco de modo respetuoso con ambas tradiciones.

Pinhal fue alumna en Sevilla de la escuela de Cristina Heeren y en un auditorio donde no faltaban el presidente de la Junta Juanma Moreno, el alcalde Juan Espadas y el delegado del Gobierno en Andalucía, Lucrecio Fernández, ella no tuvo reparos en recordar que si hay una extraña forma de vida es la de mecenas como la estadounidense Heeren, que tanto ha hecho, desde su Fundación, por la promoción del flamenco. No faltan otros ejemplos en nuestro entorno, como Concha Yoldi, presidenta del Consejo Económico y Social de la Universidad de Sevilla y promotora de la IV Conferencia de Mecenas que el Paraninfo acogió el miércoles.

Es raro que nuestros políticos concedan importancia a la cultura, la gran olvidada de los programas, debates electorales y presupuestos. Pero además de Ana Pinhal, que empezó su concierto agradeciendo a los autores como Manuel Alegre el peso propio que Portugal tiene en el mundo, el ministro de Exteriores luso Augusto Santos Silva no dejó de citar a los más grandes escritores, desde Camoens a Tavares, lo que dio sentido al adelanto de la celebración nacional que el consulado que dirige Joao Queirós realizó para corresponder a la invitación de la Feria del Libro. Y hasta Juan Espadas se encomendó en el primer gran discurso de su segundo mandato a Magallanes, el viajero, el descubridor y también el personaje literario que nos legó Stefan Zweig.

Bien haríamos en aprender de nuestros vecinos ibéricos, tan orgullosos del modo en que la identidad nacional portuguesa está modelada por su literatura. Al igual que hablan del producto interior bruto o de las exportaciones comunitarias, a ellos no les avergüenza hablar de libros, libros leídos y amados, no meramente prescritos por los asesores de turno en los argumentarios oficiales. Y por eso en una recepción donde eran mayoría empresarios y funcionarios de ambos países se agradeció ver entrar juntos a Alfonso Guerra y Carmen Reina, propietarios por tantos años de aquella librería Antonio Machado que aún echamos de menos.

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