cuchillo sin filo

Francisco Correal

Fábula del perro-lobo

EL hombre es un perro para el lobo. Truqué la frase de Hobbes sobre la maldad intrínseca de la especie cuando mi hijo me preguntó si yo sabía que en el siglo "equis y equis" -así le salió la centuria cambalache del tango- se separaron los perros y los lobos. Sobre la marcha, me inventé una historia que la atención de mi hijo convirtió en verosímil. Le dije que la gran disputa entre los perros y los lobos llegó con el tema de las ovejas: los primeros eran partidarios de cuidarlas y los segundos de comérselas. Y ahí surgió la escisión, la herejía. La controversia de la lana.

Del cuento nació esta metáfora. De la historia, esta historieta. A los hombres les pasa como a las ovejas: que no saben si son perros o lobos, si vienen a protegernos o a devorarnos. Lo que le ocurrió a Rafael Román cuando era consejero de Cultura y presidente de la Junta en funciones aquella tarde del 23-F con Escuredo en la Carrera de San Jerónimo: no sabía si los guardias civiles que llegaban al Pabellón Real iban a custodiarlo o a llevárselo esposado.

Perros o lobos. Muchísimos españoles pusieron su confianza en la candidatura de Mariano Rajoy porque confiaban en él para darle una vuelta de tuerca a la situación, pero no saben si el presidente que ganó las elecciones en su tercer intento por llegar a La Moncloa es el perro que los protege o el lobo que se los quiere comer, mordiscos que en el argot del canibalismo político se llaman recortes. Europa, hija cultural de la loba que amamantó a Rómulo y Remo, nació como último sueño continental y monetario para proteger a los europeos, pero buena parte de éstos empiezan a pensar que su verdadero anhelo es machacarlos con renovados alardes prusianos. No hay que exagerar. Europa es una entelequia que se inventó el señuelo de la unidad por el egoísmo de ganar y ahora baraja el señuelo de la desmembración por el egoísmo de no perder. La realidad, que diría Rajoy, inventor del marxismo de derechas.

La muerte de Carlo María Martini, arzobispo de Milán, deja en la Iglesia un vacío intelectual y espiritual. El papable que defendió las relaciones prematrimoniales en una sexualidad responsable y el uso del preservativo en el Tercer Mundo para mitigar los efectos del sida creía en el Cristo que salva y no en el Dios que condena. Los curas saben de lobos porque la oveja es el animal favorito de los relatos evangélicos, analogía de un rebaño que Buñuel parodia en El ángel exterminador con la argucia de quien se confesó ateo "por la gracia de Dios". En la fábula de los perros o los lobos, un día las ovejas, hartas de ir por lana y salir trasquiladas, se van a cansar de un discernimiento estéril que las lleva al tedio y las deja, la frase la oyó mi hijo en los documentales, a merced de sus depredadores.

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