La ciudad y los días

Carlos Colón

Fantin-Latour en Madrid

HÁGASE un favor: coja el AVE o su coche y váyase a Madrid. Haga un favor a cuantos quiere o estima: lléveselos con usted o convénzalos de que vayan. Y una vez allí vaya al Museo Thyssen para disfrutar de Rosas en un florero, Flores de verano y fruta, La mesa aderezada, La lectura, Un rincón de la mesa, Retrato de Mr. y Mrs. Edwards, Retrato de Charlotte Duborg y otros hermosos, silentes, íntimos y delicados cuadros de Henri Fantin-Latour (1836-1904), el gran pintor francés cuyas obras hablan la lengua despaciosa y ensimismada de Marcel Proust y suenan a música de su contempráneo Cesar Franck. Como el propio Franck, cuya Sinfonía en Re fue ferozmente criticada por conservadora cuando estrenó para después -cuando las modas o los dogmas pierden su poder- ser considerada una de las cumbres de la música francesa, su coetáneo Fantin-Latour fue infravalorado por la crítica y contemplado con condescendencia por muchos de sus colegas.

Triunfaba el impresionismo y a Fantin-Latour no le apetecía marcar el paso con ellos. Se suele dar el hecho curioso de que las intransigencias de quienes rompen con los dogmas estéticos en nombre de la libertad creativa son aún más virulentas que las de los académicos. Y este exquisito, discreto, elegante y silencioso pintor fue víctima, en nombre de la libertad reivindicada para ellos por los impresionistas, de la libertad con que eligió su propio camino en la pintura. Para colmo gustaba a los compradores burgueses y vendía tan bien sus naturalezas muertas como sus cuadros de flores. Como a Cesar Franck el tiempo le ha hecho justicia, aunque su nombre no ha alcanzado la fama e incluso popularidad de algunos de sus coetáneos.

Sus méritos requieren, tal vez, este tratamiento. Ya su contemporáneo Emilio Zola, que sí le hizo justicia, escribió que "es necesario observar sus cuadros detenidamente, introducirse en ellos para que la sencillez de su verdad nos atrape". Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, le define como "discreto y tímido, elusivo, escondido y tan recogido como sus temas: escenas íntimas, retratos silenciosos, naturalezas muertas". Vincent Pomarède, comisario de la exposición, resalta el silencio, melancolía e intimidad de sus cuadros, en los que logró capturar "el alma de los objetos y los seres". Si suman sencillez, discreción, timidez, elusión, resguardo, intimidad, silencio y melancolía comprenderán por qué la fama de Fantin-Latour, cuya pintura es por otra parte tan accesible, grata, cálida y emocionante, nunca desbordó en popularidad. No se pierdan esta exposición, abierta hasta el 10 de enero

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