Visto y oído

Antonio / Sempere

Feliz

VIENDO el concierto de Los chicos del coro en La 2 me preguntaba qué sentido tenía emitirlo a las ocho de la mañana sin anunciarlo en ninguna parte. Escuchando el programa interpretado por la Orquesta de Baleares, dirigido por Nicolás Porte, con Dominic Faricier al piano, me planteaba si con la supresión de la publicidad cambiarán este tipo de cosas.

Por la tarde, qué casualidad, compartí asiento en el tren camino de Santander con José Luis Pérez Arteaga, que cumple su vigésimo quinta temporada en Radio Clásica y la casa que la ampara, por lo que ya pueden imaginar cómo ha vivido esta tránsito hacia no sé sabe muy bien dónde. Pero no quisiera comprometerle. El viaje fue una delicia porque en él conocí a su compañera, Almudena de Maeztu, nieta de don Ramiro, una de las personas más interesantes y cultas que se han cruzado en mi camino en los últimos tiempos.

Ser es defenderse, dijo Almudena. Y claro, a partir de ahí, habiendo arrancado en punta, sólo cabía mantener el listón, de modo que cuando pasamos por Valladolid ya había saltado a la palestra Epicuro, por Palencia andábamos con que Mahler practicaba el copia y pega a su manera, y al llegar a Torrelavega aseverábamos que en un futuro laico sólo quedarán cristianos de Bach.

A ver quién la tosía. "La felicidad es ese tiempo que queda entre putada y putada. De ahí que haya que aprovechar los huecos que nos quedan", apostilló Maeztu. Lo mejor fue ver al bueno de José Luis haciendo muecas de asentimiento cómplice. Me sentí el único escuchante de un hipotético programa de radio que me remitió, por el tono de voz de Maeztu, a la Concha Barral de La calle 42. Y fui feliz.

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