Las empinadas cuestas

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Fractura social

EL Gobierno ha dado por concluida la legislatura y comenzado la campaña electoral con la presentación de una mal llamada reforma fiscal que incrementará las desigualdades, quedando sólo pendiente la aprobación de la reforma de la ley del aborto que nos retrotrae en el túnel del tiempo y que provocará más dolor a las mujeres, sobre todo, con menos recursos económicos, condenadas por una ideología ultraconservadora que apenas existe en el mundo civilizado y que la mayoría social rechaza. Según datos del Centro de Estudios Andaluces, "el 81% de las personas consultadas está de acuerdo con el hecho de que cada mujer pueda decidir libremente si aborta o no".

La fractura social la están haciendo irreversible. Según el último informe de la OCDE, que corrobora lo dicho por el FMI, España es el país en el que más han aumentado las diferencias entre ricos y pobres y el que más ha retrocedido en el proceso de convergencia con Europa. Los ingresos del 10% de los más pobres caen 7,5 más que la renta del 10% de los más ricos, siendo el mayor diferencial entre los países miembros de la OCDE y el que paga una factura más desigual, constatable con cualquier indicador.

La reforma fiscal no va a resolver nada, no sólo porque es injusta, al no ser realmente progresiva, sino porque tampoco aborda dos seculares problemas de la hacienda española, según Joaquín Estefanía: "una economía sumergida de dos dígitos y un fraude fiscal que algunos han llegado a estimar en alrededor del 9% del PIB", además de otras muchas más causas endémicas reiteradamente señaladas.

Si se van a recaudar 9.000 millones de euros menos en dos años y se va a arriesgar ese sacrosanto recorte del déficit que nos ha conducido a esta fractura social, ¿dónde va a estar la solución? ¿En la disminución de las desgravaciones y en la cotización de la indemnización por desempleo? Serán, sin duda, los servicios esenciales, sanidad y educación, los que seguirán siendo más afectados y, por tanto, los recursos de las autonomías, prestadoras de los mismos.

"No hay que hacer política de cambio porque lo exija la historia, sino porque es lo justo", dice Thomas Piketty, ni tampoco electoralismo. Bajar los impuestos por las elecciones es inmoral, como lo es modificar la regulación del aborto buscando un hueco entre elecciones. Esto servirá para que los populismos crezcan y es mala cosa, porque sólo sirven para dar soluciones falsas a problemas reales (Ignatieff) y así acabaremos mal.

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