La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Francisco Camps en la Macarena

Entre los fieles que quedan de guardia cuando pasa el Ángelus, estaba ayer aquel político que no deja de ejercer de hermano

Francisco Camps

Bien merece la pena un paseo matinal por la calle San Luis camino de la basílica de la Macarena, ese itinerario con derecho a parada para hidratarse en el bar Arco, antes de entrar a cumplimentar a la Virgen. ¿No hay en el fútbol moderno pausas para la hidratación? Pues este calor húmedo de finales de septiembre exige líquidos, muchos líquidos, porque estos días tienen peligro sordo, pues no ha dejado de ser verano, ni todavía es otoño. Han vuelto los turistas al museo macareno, como lo han hecho al Alcázar y la Catedral. Los pavos del Alcázar, por cierto, ya se alimentan de los restos que dejan los clientes de la cafetería, no tiene que preocuparse por ellos el delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, don Ricardo Sánchez.

La basílica a mediodía es una delicia porque se está en familia, en un banco o en una de esas sillas que el letrero advierte que no deben ser cambiadas de sitio y que permiten orar ante la Señora al mismo tiempo que contemplar a la Virgen de Guadalupe. Si las miradas se quedan ancladas en la cara de la Virgen, es toda una experiencia comprobar el rostro de quienes la miran cara a cara por primera vez. El sevillano no recuerda su primer encuentro con la Esperanza porque nace con Ella, pero muchos visitantes que se estrenan en la basílica se emocionan o se quedan absortos. También hay quienes vinieron a un acto oficial en razón de un cargo pasajero, para una foto institucional, o para pegar el mangazo en el balcón de los ministros la noche del Viernes Santo y nunca más regresan.

Quien sigue viniendo con toda discreción a la basílica es Francisco Camps, el ex presidente de la Comunidad Valenciana que sufrió un calvario judicial y un linchamiento mediático por una auténtica estupidez y que acabó absuelto, pero con los tiros ya pegados. Camps logró un millón de euros para la Macarena por medio de la Caja de Ahorros del Mediterráneo con los que la hermandad pudo sacar adelante varios proyectos, después de que el Gobierno de Zapatero le negara la subvención concedida por el Ejecutivo de Aznar y la Justicia obligara a pagarla casi diez años después. Camps es hermano de la Macarena y ejerce como tal muchos años después de haber dejado los oropeles del poder. Fue exculpado de un delito continuado de cohecho impropio.

Días después del final feliz vino a Sevilla a dar gracias a la Macarena. Ayer volvió y era uno de los escasos fieles que disfrutaban de esa intimidad de mediodía. Sin un millón bajo el brazo ya, sin coche oficial, sin cámaras. Como un hermano más. Allí estaba quien hizo posible el crecimiento patrimonial de la hermandad cuando ZP dio la espalda por puro prejuicio.

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