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Franco en el cielo

El prior del Valle de los Caídos no actúa en nombre de la Iglesia, la ley o la sensatez. Está allí por franquista

Espérame en el cielo (1988) es una deliciosa comedia en la que Alberto Sinsoles, un falangista jefe de propaganda nacional interpretado por Sazatornil, secuestra a un ortopedista de gran parecido con el dictador para convertirlo en doble de Franco. Era el que salía en el NO-DO, inauguraba embalses o visitaba minas. Pero el sosias se escapa, hay un enredo y Sinsoles no sabe distinguir al falso del auténtico generalísimo. El falangista se equivoca, disciplina al dictador y acaba picando piedra en el Valle de los Caídos. Un compañero de infortunio le pregunta por qué está allí y él responde desconsolado "¡por franquista!". Y al final no se sabe si el que está enterrado en Cuelgamuros es Franco o su doble. Estos días deberían reponer en televisión esa película, a ver si nos relajamos.

Hay extraordinarias comedias clásicas que se mofan de Hitler, como To be o not to be (1942) de Lubitsch. O El gran dictador (1940) de Chaplin, prohibida en España hasta después de la muerte de Franco; una sátira del nazismo en la que Charlot interpreta tanto al dictador como a un barbero judío perseguido. Es imponente la escena en la que Hitler sueña un mundo rubio (con un dictador moreno) y juega con el globo terráqueo hasta que le explota y se queda sin juguete. Modernamente se han hecho comedias de éxito en Alemania e Italia en las que Hitler o Mussolini vuelven y se encuentran países multiétnicos, con problemas complejos. Y Putin prohibió en Rusia La muerte de Stalin, 65 años después del fallecimiento del tirano soviético.

En España lo referido a Franco crispa el ambiente político. Algo tan razonable como retirar al dictador honores faraónicos a cargo del estado democrático indigna a sus escasos y nostálgicos seguidores, como el golpista Tejero o la cúpula de Vox. Pero sorprende que también incomode al PP e incluso a Ciudadanos. Aparecen deudos artificiales en la medida en que presumen que el druida Iván Redondo va a meter en la marmita exhumación de Franco, con Brexit, movilizaciones soberanistas y aranceles para fabricar una poción mágica con la que Pedro Sánchez gane las elecciones. Por cierto, el PSOE quiere ampliar la ley de memoria histórica para impedir la apología del franquismo y el escarnio a sus víctimas.

El prior de los benedictinos del Valle de los Caídos carece de sentido del humor se ha agarrado al cadáver del dictador de manera pintoresca. Tiene su lógica. No lo hace en nombre de la Iglesia, ni de la ley, ni de la sensatez. Como el personaje de Sazatornil, él está allí por franquista y hace su papel.

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