Punto de vista

josé Ramón / del Río

Fraternidad

POR razón del día que tengo asignado para mi colaboración semanal son ya diez años escribiendo sobre el Jueves Santo. Dirá usted que no tengo obligación, por muy jueves que sea, de escribir del Jueves Santo. Pero para mí y supongo que para muchos lectores el Jueves Santo significa mucho. Porque ese día conmemora la última cena de Jesucristo con sus apóstoles, que comenzó con un acto de humildad, como es el lavatorio de pies; instituyó la eucaristía y el sacerdocio y en la sobremesa nos dio un mandamiento nuevo, de que nos amáramos los unos a los otros como Él nos había amado.

Este mandamiento es claro que no se cumple al pie de la letra. Más bien su falta de cumplimiento ha provocado y provoca las desigualdades y las injusticias que muchos aprecian y llegan a la conclusión de que la religión no las corrige e incluso adormece a los que las sufren. Por ello, entienden que hay que acudir a soluciones más radicales y que la religión es algo artificial y no natural al género humano. Sin embargo, el antropólogo Herreros considera que aunque las religiones con más creyentes sean relativamente recientes, el sentimiento religioso existía en el hombre primitivo y constituyó un factor de aglutinamiento para los grupos humanos, y que los sentimientos de fraternidad entre los que coincidían en un territorio permitió a nuestra especie sobrevivir con más éxito que otras especies que compartían con nosotros el territorio. Añade que compartir creencias ayuda a sobrevivir al grupo, de forma que el gen de la religión está insertada en nuestro circuito neuronal.

Hermandades y cofradías tienen gran raigambre en Andalucía; siendo idénticos sus fines se diferencian en que las cofradías realizan actos públicos. En ellas se muestra la concepción barroca de los andaluces, que según Sánchez Herrero es incluso anterior a la existencia del barroco como estilo. Su pervivencia tantos siglos puede deberse a que son las instituciones eclesiásticas con mayor participación y gobierno de los laicos, que no se limitan a estar, sino que actúan como iglesia o pueblo de Dios.

Yo he tenido una prueba cumplida de que funcionan los genes religiosos, al menos los genes cofrades, en mi nieto de 4 años. El Viernes de Dolores recibió la medalla de mi cofradía que, como ya fue hermano mi padre y el suyo, es la cuarta generación, y se comportó en el acto solemne y no precisamente breve, como un devoto cofrade, augurando que será, como dicen algunos, "capillita" o "tonto de capirote". Para mí, esa supuesta tontería, no es la peor de todas.

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