La esquina

josé / aguilar

Función de circo en Cataluña

PASEN y vean, señores. Hoy se celebrará en Cataluña un espectáculo que empezó con voluntad de ser un referéndum independentista, se convirtió luego en una consulta y ha acabado siendo un "proceso participativo", convocado por un Gobierno que pretende aparentar que no es el convocante y que ha endosado finalmente el desarrollo de la pantomima a los "voluntarios" de la sociedad civil (de la parte de la sociedad civil declaradamente secesionista).

Fondo de la cuestión: que los catalanes decidan en exclusiva qué será del Estado de todos los españoles. Como el referéndum es, por ello, manifiestamente ilegal e inconstitucional, Artur Mas ha tratado de presentarlo como una simple consulta destinada a conocer la voluntad de los ciudadanos catalanes. Una trampa clamorosa, porque si la participación resultara masiva, ¿cuánto tardaría Mas en transformar la consulta en expresión rotunda de la voluntad de un pueblo a la que el Estado no puede desoír? Primero se le resta importancia, para que cuele, y después se le daría toda la importancia del mundo.

Formas de la cuestión: son todavía más antidemocráticas que el fondo. El Govern paga -con el dinero de todos- la propaganda, los gastos de campaña y toda la infraestructura de la votación, las urnas y las papeletas tramposas, puede votar cualquiera con más de dieciséis años que acuda a ellas, no hay censo ni control de los votantes y los supervisores de todo el proceso electoral serán los "voluntarios", es decir, los partidarios de la independencia, y solamente ellos. Ni los últimos referéndums de Franco fueron más manipulados y menos transparentes que este referéndum que es consulta y esta consulta que es "proceso de participación ciudadana".

Toda la astucia de la que presume Artur Mas consiste en el vano intento de engañar al Estado, sortear la ley simulando que en realidad no hace lo que está haciendo y echar mano de una sucesión de argucias y triquiñuelas que no convencen ni a sus compañeros de viaje hacia la secesión. La última, su propuesta para, a partir del lunes, negociar con el Gobierno "un referéndum definitivo", que recibirá la misma respuesta del Ejecutivo: no se va a celebrar. Y todo para que él salve la cara, definitivamente rota.

Desde que el TC rechazó el referéndum Mas sabe que no le queda más salida que convocar unas elecciones anticipadas. Serán su tumba. Es la etapa siguiente.

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