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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Furgón de cola

Andalucía no ha aprovechado el crecimiento de los últimos años para acercarse a los niveles de desarrollo de la UE

Andalucía está otra vez en el furgón de cola de las regiones europeas y por eso vuelve a ser objetivo prioritario de los fondos que Bruselas dedica a equilibrar los niveles de desarrollo en sus diferentes territorios. Supongo que la notica, que pudo leer en este periódico el fin de semana, no habrá sorprendido a nadie. Es más, seguro que la mayor parte de los andaluces no eran conscientes de que en algún momento hubiésemos salido, aunque por poco, del pelotón de los rezagados en el que nos hemos llevado años y años y que ha permitido que sobre nuestra tierra se derramaran -el término no es gratuito- decenas de miles de millones de euros. Un dinero que si bien sirvió para dejar atrás algunas situaciones que hace no tanto tiempo nos situaban al borde del tercer mundo, no ha acortado las distancias con los estándares de bienestar en Europa.

La pregunta es obvia: ¿por qué Andalucía ha sido incapaz de aprovechar un ciclo de economía expansiva, el de los últimos años, para acercarnos siquiera mínimamente a la media de PIB de la UE? Es cierto que hemos tenido en la región niveles de crecimiento económico y de creación de empleo estimables y que se han notado en la calidad de vida de la gente. El problema, porque es un problema, es que ese crecimiento con el que nuestros políticos sacaban pecho no era suficiente para converger. Teníamos mucho camino por recorrer y ni tan siquiera nos hemos puesto a andar. La respuesta sólo puede ser que las políticas que se han aplicado no eran las adecuadas. Se ha gastado mucho dinero, pero las decisiones que han movido esas inversiones no han incidido sobre nuestro grado de desarrollo comparado, sí -no podía ser de otra forma- en la mejora del nivel de vida, sobre todo en las zonas rurales y en las más desfavorecidas. Además intervienen otros muchos factores, desde la desfavorable situación de partida hasta la distribución regional de los Presupuestos Generales del Estado, pasando por el modelo de financiación autonómica.

Pero el meollo de la cuestión está en cómo se ha gobernado, en cómo se ha gastado el dinero. Cualquier otra cosa es intentar jugar al despiste. Y ahí es dónde conviene centrar la atención. Que Andalucía pierda posiciones con respecto a la media europea no puede ser sólo un argumento de pelea política en vísperas electorales. Si lo dejamos en eso nos estaremos equivocando y empeorando las cosas.

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