Las dos orillas

josé Joaquín / león

Gallardón al paredón

DESDE que presentó su propuesta para modificar la legislación del aborto, Alberto Ruiz-Gallardón es víctima de una campaña de lapidación moral. Vivimos en un país donde los extremistas (de derechas y de izquierdas) suelen terminar pidiendo un paredón para alguien, según el momento. Y después están los cobardes, los mentirosos, los hipócritas y los que miran para otro lado, que contribuyen a ese juego. De manera que quien está en el paredón de una campaña sabe que está en plan de ahí me las den todas. Y puestos a dar, hasta le puede llegar el fuego amigo de los suyos, como le ha pasado con el Monago de Extremadura, que se unió a la fiesta, porque le convenía y porque era lo más fácil.

Ahora parece que Gallardón es de extrema derecha (según las calificaciones otorgadas por la profesora Elena Valenciano). Lejanos quedan los tiempos en que era presentado como la izquierda del PP, o algo así. Me refiero a los tiempos en los que ciertos tertulianos de derechas criticaban a Gallardón por sus buenas relaciones con el Grupo Prisa, que le daba cariño en la cadena Ser y El País. De ahí a situarlo en la órbita felipista, o como un nuevo Pepe Bono, faltaba poco. Era cuando se decía que Gallardón estaba enfrentado a Esperanza Aguirre, incluso a Ana Botella.

Gallardón, como Javier Arenas o Arias Cañete, siempre ha sido de los más fieles a Mariano Rajoy. Por eso, lo incluyó como ministro (cuando algunos incluso lo veían como un futuro sucesor), y por eso no lo ha dejado tirado ahora. A pesar de que la batalla de la calle la está ganando claramente la claque pro abortista, cuyo único argumento es repetir un millón de veces que el aborto es un derecho de la mujer, lo cual es mentira, pero no se explica bien. Tampoco los grupos de defensa de la vida están muy activos que digamos. Y no se entiende que defender a los no nacidos es defender a los más débiles. Y que eso lo dice incluso el Papa Francisco, que ahora puede que sea de extrema derecha, aunque hace un mes era de izquierda, al parecer.

Por lo demás, el debate intelectual va por la fase de tirar bragas sucias a un cardenal, con muchachas (cuya jefa, llamada Lara Alcázar, salió en la portada de la revista de moda Yo Dona) con los pechos al aire. Así acudieron a una iglesia madrileña, bajo los lemas Fuera Toño de mi coño y Aborto es sagrado. Cuando se tira algo, aunque sean bragas, es mala señal. Es que se antepone la agresividad al argumento.

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