EL miércoles próximo se abren las Cortes y se deben elegir los presidentes del Congreso y del Senado, dos personas que serán claves en las negociaciones que se abrirán a continuación para formar Gobierno. En especial, el presidente del Congreso, que es la autoridad que establece el enlace entre el Rey, que propone el candidato a la Presidencia, y los diputados. Es una primera oportunidad para avanzar hacia el pacto. La elección del presidente de la Cámara debería evidenciar que el PP ha comprendido que se ha abierto un tiempo nuevo en el que la necesidad de construir mayorías obliga a las concesiones. Mariano Rajoy ya ha declarado que está dispuesto a presidir un Gobierno con ministros de otros partidos, como PSOE y Ciudadanos, e incluso que uno de los vicepresidentes podría ser de una de estas formaciones. El pasado martes, además, el presidente se abrió a la posibilidad de abordar las grandes reformas que el país necesita, tales como la ley electoral e, incluso, la de la Constitución. Éste es un buen camino; es más, es el único. En el Congreso de los Diputados no hay una mayoría de izquierdas, ésa es una ilusión del líder socialista, Pedro Sánchez. Para sumar, el PSOE tendría que añadir los votos de Podemos y, además, la abstención de Esquerra o Convergencia. O Bildu. Sánchez es muy libre de inmolarse, pero no puede llevar a su partido al suicidio mediante un pacto con los independentistas. Es más, posiblemente su deseo sólo es puro tacticismo; para gobernar, Sánchez sólo puede apoyarse, y a la vez, en Podemos y en Ciudadanos. Es posible que sin el apoyo expreso de alguno de estos partidos, ni el Rey pueda encargar la formación de Gobierno a Sánchez, no se trata de que cada cual pruebe suerte, sino de que quien se suba al estrado del Parlamento cuente con serios indicios de que será apoyado. Así, es el PP el que debe explicar cuáles son sus propuestas de reforma; la sesión de investidura de Rajoy, que será este mismo mes, debe ser detallada, prolija y generosa. Pero, a la vez, también hay que pedir responsabilidades al PSOE. De momento se niega en banda a cualquier acuerdo con Rajoy, es de esperar que ese no se someta, cuanto menos, a cierta reflexión. Ni la situación económica del país ni la política permiten unas nuevas elecciones en mayo o en junio, que además pueden no solventar nada. El bipartidismo ha terminado, pero su fin exige una apertura de mentes, más imaginación en las fórmulas de consenso, no puede ser que el único modo de hacer política en España pase por la derrota del contrario. Llegan unos días claves, y la elección del presidente del Congreso es uno de los hitos de la negociación, su prólogo.

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