editorial

Gibraltar, tras el escudo antimisiles

EN los más de trescientos años de colonialismo en Gibraltar, la importancia de su situación estratégica militar ha pesado mucho -especialmente en el siglo pasado, que vivió dos guerras mundiales- sobre el Contencioso entre España y el Reino Unido para que el territorio cedido en 1713 mediante el Tratado de Utrecht deje de estar bajo la soberanía británica para regresar, cumpliendo ese mismo acuerdo bilateral, a la Corona española. Durante décadas, la base aeronaval de Gibraltar fue un enclave crucial no sólo para las fuerzas británicas, sino también para la OTAN. En las entrañas del Peñón estuvo radicado un centro de mando aliado que tuvo gran protagonismo pero que ahora es sólo parte del pasado, hasta el punto que tiene uso civil para seguridad informática. Gibraltar ya no es una base de la OTAN y el Reino Unido ha ido reduciendo paulatinamente las unidades militares radicadas en la Roca. Frente a este declive, la trayectoria de la base aeronaval de Rota ha ido aumentando su protagonismo e importancia. El reciente acuerdo entre España y Estados Unidos para que Rota acoja a la flotilla que formará parte del escudo antimisiles de la OTAN supone un argumento más para señalar que el vector militar es cada vez menos importante a la hora de afrontar el Contencioso de Gibraltar. Esta corriente de opinión, que suscribimos, surgió incluso en Londres inmediatamente después del anuncio de la inclusión de la base roteña en el escudo antimisiles. El parlamentario laborista y ex ministro británico Denis MacShane alzó la voz para pedir que su país impulse el diálogo con España respecto al Peñón. Con el Foro tripartito emprendido por el ex ministro Miguel Ángel Moratinos en vía muerta desde que éste fue relevado, la nueva realidad militar de la zona del Estrecho ofrece al próximo Gobierno español un punto de partida ventajoso para relanzar el proceso bilateral de negociación con el Reino Unido para que, cumpliendo las resoluciones de la ONU, Gibraltar sea descolonizado y quede para la historia el anacronismo del statu quo actual.

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