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La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El Gobierno publicano

Quieren que paguemos los tributos en tiempo y plazo como si nada hubiera pasado. Son un peligro

La codicia de poder le ha conducido al sillón desde el que gestionar la coyuntura más adversa desde la Guerra Civil. Se empeñó, se fajó, fue perseverante, se levantó tras una caída, siguió y no paró hasta que lo consiguió a un alto precio. Convocó dos elecciones en un mismo año antes de formar gobierno. Y una vez alcanzado el objetivo, la gloria ha sido efímera para este presidente que ha perdido el barniz de posturín que siempre había lucido. Ya no hay que jugar a ganar ningún trono, ya no es la hora de los teóricos del poder, ni de los tertulianos avispados que alcanzan la Moncloa tras estudiar cada día cuál es el atuendo más desaliñado. Este tipo nos tiene que sacar de la guerra contra el virus y del correspondiente período de posguerra, una etapa que se vaticina de especial crudeza. Lo peor es que en quince días ha exhibido bien claro el doble perfil que caracteriza a este ejecutivo tan poblado como bisoño. Por un lado, son reyes magos que nos lanzan todo tipo de anuncios, como el de que nadie se quedará atrás. Repiten como un mantra el mensaje buenista que sólo se creerán los ingenuos. Por otro, no disimulan el perfil de publicanos, obsesionados con cobrar más y más cuando las familias están ingresando menos. Nunca se cansan de acumular pólvora del rey para las futuras cacerías. Quieren que paguemos los impuestos en tiempo y plazo como si nada hubiera pasado. Toman medidas propias de una asamblea de estudiantes hormonados. Pervierten el lenguaje, combinan conceptos a su temerario antojo como los de la riqueza y el interés general, y demonizan a su interés los perfiles erróneamente asociados a la clase pudiente. En el fondo acabaremos siendo víctimas de esos permisos forzosos retribuidos, pues terminaremos dependiendo de la gran ubre del Estado. Desde el confinamiento se aprecia un Gobierno que improvisa en exceso, que no disimula una reveladora voracidad recaudatoria. Con el pretexto de apretar a los más ricos nos apretarán en realidad a todos. Es la única manera que tienen luego de regar la plaza por sectores. Toda crisis hay que gestionarla, nadie lo duda. Como no dudamos de que hay quienes la están gestionando ya con la vista puesta en los días posteriores, en ese periodo de posguerra en el que seremos más débiles y vulnerables, buscaremos la mano que nos dé de comer sin ánimo de ningún mordisco y temblaremos cada vez que el publicano llame a la puerta para reclamar el IRPF y las liquidaciones del IVA y el Impuesto de Sucesiones. No hay elecciones a la vista. Toca aguantar. Estos tipos no se irán ni con agua caliente. Están formando el rebaño. Paguen mientras eligen si son borregos o se echan al monte. Pero no dejen de pagar.

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