Sueños esféricos

Juan Antonio Solís

Goles 'interruptus'

El VAR hizo justicia en Vallecas dos veces, pero esos tantos por entregas aguan el fútbol

Las fotos de Messi celebrando sus goles ante el Alavés resultaba curioso, también triste, ver que la inmensa mayoría de los aficionados trataban más de inmortalizar el momento con sus móviles que de disfrutarlo, simplemente saborearlo. Tan sólo un señor ya canoso, en primera fila, se limitaba a alzar los brazos y gritar gol, como seguramente ya hacía cuando Cruyff y Sotil trotaban por esa hierba.

Los móviles nos secuestran el momento, nos niegan la vida sin remisión a golpe de clic. Con lo cara que vale una entrada y nos empeñamos en atemperar el disfrute. Es un ejercicio bien sano guardar el móvil en el bolsillo para entregarse a la belleza de las jugadas, a la emoción de una lucha sin tregua o a la polémica de una decisión arbitral, como hacían quienes nos llevaron al fútbol de la mano hace años. Pero no. Desdeñamos la verdad y nos entregamos a esa posverdad que tintinea en las redes sociales. Para qué verlo, mejor que nos lo cuenten...

Pero aún hay más. Los románticos o simplemente sensatos que decidan guardar ese móvil para seguir viviendo el fútbol a tope se han encontrado esta temporada con otra zancadilla de lo que llamamos “progreso”: el VAR nos va a acabar negando hasta el derecho a que la boca nos sepa a sangre por gritar un gol.

De momento, los sevillistas ya cantaron ayer en diferido un gol, el tercero de Andre Silva. Esos goles por entregas aguan las alegrías como a ese atleta que, cuarto en unos Juegos, recibe cinco años después el bronce por el dopaje de alguno de los medallistas.

El VAR hizo justicia dos veces en Vallecas y la hará cada jornada. Pero también va a trasladar parte de la emoción del terreno de juego a un habitáculo de monitores. Y de paso, va a echar combustible a las gradas. Como si le hiciera falta a las del Benito Villamarín el próximo 2 de septiembre. Imaginen un gol decisivo en el último minuto... que acaba en gol interruptus. Del gatillo al gatillazo.

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