al punto

Juan Ojeda

Grandeza, y no revancha

LAS manifestaciones del jueves pasado pusieron de relieve el profundo malestar que, en muchos sectores sociales, han causado las medidas de ajuste, o los recortes, o como cada uno quiera llamarlo, que ha aprobado el Gobierno de Mariano Rajoy. A pesar de esto, es lógico pensar que, tanto el presidente como sus ministros, hacen lo que hacen porque no tienen otro remedio que hacerlo. Está claro que a cualquier político le gusta mucho más que lo aplaudan que lo abronquen, y ninguno quiere pasar a la historia como responsable de haber puesto en marcha medidas duras y que causan tanto rechazo. Así que es de suponer que el Gobierno no disfruta, ni mucho menos, con lo que está haciendo, y que es consciente de que a los ciudadanos no les gusta en absoluto, sino todo lo contrario, como se demostró el jueves, y como todavía queda por ver.

Es evidente que los miembros del Gobierno, empezando por su presidente, y los dirigentes del PP tienen que ser receptivos a ese estado de ánimo de gran parte de la población. Y que conste que el ser receptivos no quiere decir que tengan que dar marcha atrás, porque las mismas circunstancias que les han llevado a adoptar esas medidas les impedirían un retroceso que, con toda seguridad, daría la impresión a nivel internacional de falta de rigor. Y con la que está cayendo es lo peor que nos podría pasar. Pero, precisamente por eso, por la imposibilidad de la marcha atrás y porque las cosas son como son, y no como nos gustaría que fuesen, es preciso hablar, y explicar, y convencer e ilusionar. O sea, hacer política.

Hacer política también le corresponde a la oposición, que tiene su cuota parte de responsabilidad en que las cosas no se tensen más de lo que ya están. Especialmente, el PSOE no puede ni debe olvidar que hasta hace siete meses, ellos gobernaban el país, y que en lo que hoy está pasando ellos pusieron muchos kilos de arena. Y no es cuestión de hablar de herencia, sino de tener el sentido de la responsabilidad histórica reciente, y darse cuenta que estos momentos, duros y difíciles, no deben ser aprovechados para conseguir réditos electorales. Porque, y cuidado con esto, el avivar el fuego ahora, puede dar lugar a que sean otros, mucho menos fiables desde el punto de vista democrático, los que se aprovechen, presentándose como salvadores de la patria, con un mensaje simplista y basado en el populismo más oportunista. No quiero decir que se renuncie a la confrontación política, ni a la crítica, ni al debate. De lo que se trata es de que, a fuerza de empujar, no rompamos el molde que tantos años, sacrificios y esfuerzos nos costó conseguir. No es tiempo de revanchas, sino de grandezas.

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