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En tránsito

Griñán

El PSOE actual se comportaría con una crueldad inimaginable si el caso Griñán fuera un caso protagonizado por alguien del PP

Lo escribí hace mucho tiempo, pero lo vuelvo a escribir ahora: Chaves y Griñán me parecen políticos sólidos y fiables, y más aún si los comparamos con los dirigentes del PSOE actual, en manos de ese singular personaje al que podríamos llamar Pedro Frankenstein (por cierto, aparte del Pedro Frankenstein que todos conocemos, hay un ignoto Pedro Frankenstein real: es un jubilado uruguayo que tiene su página en Facebook). Pero ahora viene la pregunta clave: ¿se merece Griñán el indulto por el caso de los ERE? Es una pregunta compleja. Si atendemos al historial de Griñán, yo diría que sí: es un político dialogante y sobrio que no ha robado dinero público para su beneficio personal. Además, todo el mundo coincide en que es una buena persona. Estoy seguro de ello. Si yo trabajara en un organismo público (o privado), me gustaría tener como jefe o como compañero de trabajo a José Antonio Griñán.

Ahora bien, ¿qué pasaría si Griñán fuera un político del PP condenado por haber creado una red clientelar que había malversado 600 millones de euros en dinero público? ¿Qué diría el PSOE de Pedro Sánchez? ¿Y qué gritarían los simpáticos Pablo Iglesias y Gabriel Rufián y Arnaldo Otegui; es decir, los clavos herrumbrosos que sobresalen del fornido cuello de nuestro buen Frankenstein? ¿Qué clase de insultos arrojarían contra Griñán? ¿Y qué castigos ejemplares reclamarían?

Porque tengo la impresión de que el PSOE actual se comportaría con una crueldad inimaginable si el caso Griñán fuera un caso protagonizado por alguien del PP o de lo que ellos denominan "la derecha fascista". Y esta es la clave del caso. El PSOE andaluz de Chaves y Griñán creó una red clientelar que pretendía asegurarse el poder político a cambio del manejo arbitrario de los fondos públicos. En pocas palabras, el caso de los ERE es una muestra de peronismo puro y duro que pretendía crear -y es más, logró crear- una sociedad totalmente sumisa a cambio del uso indiscriminado del dinero público. Esa fórmula puede funcionar cuando el dinero es barato o proviene de los fondos europeos, como ocurrió en la época dorada de Chaves y Griñán, pero a la larga lleva inexorablemente al hundimiento económico (no olvidemos que la Argentina actual, en manos peronistas desde hace muchos años, se encamina a una inflación del 90%).

Resumiendo, un dilema insoluble.

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