Crónica personal

Pilar Cernuda

Guerra en Afganistán

EL Gobierno se pone de los nervios cuando la palabra "guerra" se aplica a Afganistán, pero los soldados españoles destinados en Afganistán no cumplen una misión humanitaria, sino que se encuentran en un país en guerra.

Guerra cruenta, en la que las víctimas se cuentan ya por miles. Es verdad que los soldados de la OTAN, los españoles entre ellos, realizan también tareas humanitarias, ayudan a la población civil en la medida de sus posibilidades, son el único referente sanitario en muchos kilómetros a la redonda y atienden en sus hospitales a quien lo necesita, independientemente de su origen, religión o raza; además se han empeñado en fomentar la enseñanza, la educación, en los niños y jóvenes que no tendrían más salida que engrosar las filas de los analfabetos si no fuera por el empeño de los soldados que se encuentran allí destinados bajo el paraguas del OTAN y de Naciones Unidas. Nuestro Ejército entrena a militares y policías afganos para que un día se responsabilicen de la seguridad de su país, hoy en manos de tropas extranjeras que la mayoría de la población civil considera tropas de ocupación. Ese trabajo importante que realizan nuestros militares no impide que se imponga una realidad que el Gobierno se resiste a admitir: Afganistán es un país en guerra y las tropas españoles están obligadas a actuar como tropas destinadas en un país en guerra.

En las últimas veinticuatro horas han muerto nueve soldados destinados en Afganistán. Dos formaban parte de la ISAF, la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad de Afganistán; los otros siete eran soldados estadounidenses encuadrados en los efectivos de la OTAN. Los primeros fueron víctimas de un atentado contra el helicóptero en el que viajaban; los segundos, víctimas de lo que a todas luces parece una traición: el convoy con avituallamiento que se dirigía hacia Afganistán fue atacado a su paso por Pakistán cuando los camiones se encontraban en un almacén a la espera de continuar su ruta.

Sabotajes, traiciones, ametrallamientos, ataques a helicópteros, caravanas y cuarteles, hombres y mujeres bomba, emboscadas, señores de la guerra con ejércitos perfectamente armados, población civil que ampara a los talibanes dispuestos a morir matando… ¿No es una guerra? Sorprende el empeño de Zapatero de negar lo evidente. Como si fuera motivo de vergüenza admitir que nuestros militares están allí porque lo ha pedido la OTAN. Y lo ha pedido porque la forma más efectiva de luchar contra el terrorismo internacional es aniquilarlo en su territorio, en Afganistán. Con ramificaciones en otros frentes, Pakistán, Magreb, Indonesia… pero en Afganistán se libra la madre de todas las batallas, la más importante, la batalla de la que depende nuestra seguridad y la de nuestros hijos.

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