Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Halloween

SEGÚN la Real Academia, tradición es la transmisión de doctrinas, ritos y costumbres de generación en generación. Pero en todo caso tuvo que haber un origen para cada tradición, algún cambio de esas costumbres y ritos. A eso lo llamamos ser moderno, o contrapuesto a lo clásico. Jesucristo es el mayor moderno de la Historia. Los carnavales de Cádiz podrían tener origen en la Edad Media, y tradiciones tan profundamente tradicionales como la Feria de Sevilla tienen siglo y pico. En muchos casos las tradiciones religiosas entroncan con costumbres paganas previas. Como Halloween, que se celebró con gran éxito de público juvenil la noche del viernes, en un imparable ascenso dentro del calendario lúdico español. En otras edades más talludas todavía no ha calado la importación cultural celta, gracias a Dios: los niños vestidos de vampiro o brujita son graciosos y no hacen daño a la vista, y se lo pasan muy bien; pero a ciertas alturas de la vida, a más de uno o una, con darnos un gorro y una levita, el disfraz está conseguido. Así que al menos quien suscribe se va a ahorrar esta efeméride.

Halloween, cómo no, se ha convertido en otra excusa para definirse religiosamente, y diría hasta políticamente: "Soy conservador, me repele Halloween". "Soy capillita o rociero, abomino de esta aculturación invasora". En una tierra de superlativo gen fiestero -más o menos recogido y ceremonioso el ritual, o más o menos vestido de lunares y mojado en vino- oponerse a que la gente se divierta como le dé la gana con argumentos tan peregrinos como que aquí ya tenemos nuestras propias fiestas -y tanto- es una forma de autoafirmar el propio conservadurismo, de posicionarse en uno entre dos bandos: en eso de atrincherarse en manada, y como dicen ahora los neocastizos, lo bordamos. Cada uno es cada uno, tanto para importar y abrazar fiestas impropias como para profundizar en sus propios anclajes morales y estéticos. Por otra parte, la globalización tiene estas cosas: remedos de sanfermines en Estados Unidos, pasión por el sushi en Marbella, ligoteo entre dos contendientes a miles de kilómetros de distancia. Y Halloween en la Sierra Norte o en Carboneras. Luchar contra este estado de cosas, Jalogüin incluido, es una pataleta inútil. Y es como querer meter toda el agua del mar en el famoso hoyo que cavó el niño de San Agustín. Más invasivos, por poner un solo ejemplo, me parecen los cohetazos para compartir con todos, quieran o no, tu partida peregrina. Y por supuesto, también, los borrachuzos vestidos de zombi largando fluidos en la acera. Cada uno que haga lo que quiera, y mejor sin salpicar. Sin "truco" ideológico; mejor un buen "trato" recíproco.

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