José María Carnero Salvador

Abogado y hermano mayor de El Calvario

Hermandades y coronavirus

Pronto colgarán las túnicas en nuestros hogares. La cuaresma avanza, mientras en el plano íntimo tratamos de convertirnos. Son muchas cuaresmas que quizás no hayamos conseguido el objetivo, pero no por ello debemos cesar en el empeño. Ánimo a todos. Ocurre que en los últimos días ha aumentado la intranquilidad y el desasosiego por un virus. Tanto, que incluso las administraciones ya han advertido que, llegado el caso, se tomarían medidas drásticas en nuestra Semana Santa.

Hemos de remontarnos a los tiempos de la Segunda República en España, para recordar la última vez donde las cofradías no realizaron su estación de penitencia sin la lluvia como motivo. En aquel momento los motivos fueron más en señal de protesta contra el régimen político que por miedo, según nos cuentan muchos autores, como recientemente mi querido hermano Ignacio Camacho, en su libro Sevilla en la encrucijada.

Ahora nos enfrentamos a una alerta sanitaria y al miedo como consecuencia. Las cofradías son algo muy serio. Vestirse de nazareno supone en Sevilla, además de una tradición familiar adherida al alma colectiva, el momento íntimo de mayor recogimiento, penitencia y acercamiento a Dios del año. Solo el cotidiano e imprescindible alimento de Dios en la Eucaristía lo supera para muchas personas. No estamos ante un tema menor, ni tampoco se trata de un asunto estrictamente económico para la ciudad.

Muchos tendrán ya previstas sus intenciones para la estación de penitencia. Por un familiar enfermo, por un nacimiento, por un difunto, por una situación personal delicada… A nivel colectivo, los priostes están ya montando los pasos, los secretarios preparados para dar papeletas. Los ritos, en definitiva, se van consumando.

Sería, por tanto, muy frustrante no poder realizar la estación de penitencia por un dichoso virus que -a diferencia de la lluvia- no se ve ni empapa. De hecho, a día de hoy, no existen motivos que nos haga pensar tales medidas drásticas de forma probable. Por tanto, no debemos caer en alarmismos que en este momento no se sostienen. Pero, si llegara el caso y fuera aconsejable no salir a la calle; si se suspendieran en definitiva las cofradías -que no la Semana Santa- para este año 2020, habríamos de tomarlo como una penitencia distinta, amén de un acto de responsabilidad. La devoción a nuestras sagradas imágenes no es lo más importante que tenemos en nuestras hermandades, es casi lo único importante. Su secuela es diaria, no de una sola tarde o noche. Ese es nuestro sello diferencial.

Cualquiera que atesore muchos años de nazareno, recordará fácil algún año sin salir por motivos climatológicos. La consecuencia práctica -pensémoslo así- sería la misma llegado el caso. Nuestras hermandades, que miran su historia por siglos en muchos casos, son sabias en estas situaciones. Hemos superado situaciones políticas, epidemias más graves, terremotos… y aquí estamos. Demostremos una vez más que aquí no caben ni la histeria ni el folclore superficial, que lo nuestro es mucho más serio y profundo.

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