La tribuna económica

Francisco / Mesonero

Hombro con hombro

EN plena crisis y, ante las actuales cotas de desempleo, ha llegado el momento de introducir cambios importantes en el funcionamiento y los mecanismos de búsqueda de trabajo para estar preparados con vistas a las oportunidades u ofertas que se vayan creando. Dejando fuera discusiones, puramente absurdas, de principios ideológicos sin sentido, hay que trabajar codo con codo para conseguir el objetivo principal: que el desempleado encuentre empleo con todas las garantías y con seguridad jurídica.

Es el momento para que las políticas activas de empleo, apoyadas, si es procedente, en las pasivas (subsidios y prestaciones, a diferencia de las ayudas asistenciales) se dirijan a quien realmente quiere o puede trabajar, bien esté desanimado y crea que no va a encontrar un empleo, como a aquél que lo busca y no lo encuentra. En este camino, hay que poner al servicio del demandante de empleo todos los herramientas existentes en el mercado laboral (agencias privadas de empleo, asociaciones especializadas, empresas de formación, fundaciones, etc...). La persona desanimada o con baja autoestima tiene que recuperarla. Y, por supuesto, es necesario una fuerte dosis de compromiso y disponibilidad para lograr el fin por parte del desempleado cuyo "trabajo no es otro que buscar trabajo", con la ayuda de todos. En la puesta en marcha de estas medidas radica el compromiso y la obligación de la Administración pública con el administrado, no en dar ayudas sin ton ni son. Los Servicios Públicos de Empleo de las comunidades autónomas tienen ante sí una situación desconocida desde la transferencia de las políticas activas por parte del INEM en los años 2002-2003.

Será el momento de crear políticas de recursos humanos basadas en los principios de diversidad, en cuanto comencemos a crear empleo. Las buenas experiencias en términos de productividad demostradas por colectivos como las personas con discapacidad, los mayores de 50 años, mujeres subrepresentadas etc..., en tiempos de bonanza económica, deben servirnos para configurar un nuevo futuro escenario diverso en las plantillas de las empresas que, hoy, se han visto forzadas a prescindir de activos. En la diversidad de la empresa (cultura, edad, sexo, discapacidad) radica la capacidad para adaptarse a futuros cambios desde diferentes ópticas. Un gran reto que no se volverá presentar hasta otro nuevo ciclo. Y, por último, un nuevo enfoque formativo y de orientación hacia los jóvenes que quieren planificar su futuro para que no vean truncadas sus expectativas e incrementen el ratio de fracaso escolar existente. Un fuerte impulso a la FP y, una correcta orientación universitaria se hacen necesarias para que la Universidad no se convierta en una fábrica de parados cultos.

Pero todo ello no se puede abarcar ni desarrollar desde el papá Estado. La Ley de Empleo existente prevé los cambios a los que me refiero. Seamos prácticos y menos ideológicos y acometamos las reformas que ya en Europa se efectuaron en su día. Sólo, hombro con hombro, y entre todos, podremos satisfacer las expectativas de los parados.

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