Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

Horas críticas

SUPONGO que a estas alturas no hace falta que aparezcan muchos más signos para concluir que estamos en las horas críticas de un sistema político o, por lo menos, de una forma de entender la política. El sistema que se va es el que alumbraron con audacia tras cuarenta años de dictadura el rey Juan Carlos y Adolfo Suárez, el que condujo con talento hacia su plena consolidación Felipe González, el que llegó a su plenitud en los años de bonanza de José María Aznar y el que empezó a tambalearse con Rodríguez Zapatero y se desmorona ante nuestros ojos ante la máscara hierática de Mariano Rajoy. Lo dicen todas las encuestas -la última del CIS es para reflexionar-, lo dicen todos los días los titulares de los periódicos, pero se ve también en cualquier conversación en la calle y en circunstancias tan penosas como la charlotada que hoy tiene lugar en Cataluña. La situación, claramente, no da mucho más de sí y el modelo basado en dos partidos fuertes capaces de turnarse se ha acabado. El problema al que se enfrenta ahora España es definir lo que está por venir. El profundo cabreo de la ciudadanía ante la corrupción y la ineficacia de sus gobernantes han dado a alas a un extraño populismo disfrazado de extrema izquierda que, por ahora, ha servido para catalizar el descontento. Si no existiera Podemos y Pablo Iglesias no se pasease por las televisiones convocando audiencias millonarias posiblemente a estas alturas tendríamos acampadas de indignados en la Puerta del Sol y las setas de la Encarnación. Pero pensar que Podemos es una posibilidad de futuro para el país no se justifica ni por el profundo descontento de millones de ciudadanos. Es, sobre todo, una explosión de cabreo, pero también es un riesgo que amenaza la estabilidad de una sociedad que en su inmensa mayoría está compuesta por clases medias que a la hora de la verdad querrán poner pies en pared contra el aventurerismo político. El problema es que no encuentren cómo hacerlo.

Pero si no se configura pronto una alternativa racional, Podemos puede convertirse en una realidad capaz de cargarse lo que queda sano en el país, que tampoco es mucho. Depende de la capacidad que tengan de regenerarse, de limpiarse y de ponerse al día las fuerzas que hasta ahora han protagonizado la escena política. Mientras eso no suceda viviremos sobre una verdadera bomba de relojería. Lo tienen difícil tanto el PP como el PSOE. En el caso de los socialistas, las dificultades van a ser aún mayores porque la regeneración del centro izquierda español va tener que venir necesariamente de Andalucía. En el resto del país el PSOE como referencia política está ausente y su nuevo secretario general parece que no ha sido capaz de superar la prueba de sus cien primeros días. Si cruzamos Despeñaperros, el PSOE está en encefalograma plano. Todos los ojos se dirigen a Susana Díaz, que es la persona que en estos momentos aparece como la única capaz de encarnar las aspiraciones de un centro izquierda pragmático y alejado de maximalismos ideológicos. ¿Será capaz la dirigente andaluza de protagonizar ese esfuerzo de regeneración? Ciertamente no lo tiene fácil. Parte de una situación en la Junta enrarecida por los casos de corrupción y el acoso judicial por ellos provocado. Pero está dando pasos para desmarcarse del pasado y plantear un tiempo nuevo en el que la transparencia sea la premisa que fundamenta la actuación. Todavía es pronto para ver si es capaz de conseguirlo, aunque tiempo es precisamente lo que no le sobra. Sí ha acreditado ya suficiente sentido político y ha demostrado un patriotismo que se ha echado en falta en otros dirigentes.

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