El pinsapar

Hoy empieza todo

Entre virólogos, politólogos y tertulianos seguiremos en la incertidumbre de sentar a los hijos a la mesa de la Navidad

Esta mañana mi madre nos ha despertado con la sintonía del Sorteo. Los niños de San Ildefonso desde muy temprano cantan los números de los grandes bombos de la Lotería en Madrid. Millones de españoles mantienen un sueño hasta el final, el final que comienza cuando salen los premios mayores y el Gordo. Así le llaman, premios mayores y el Gordo, que es el mayor de todos.

Cuando mi madre nos despertaba con esa sintonía pegadiza, que podía ser cansina, y lo era hasta que de pronto aparecía la bolita con los premios, empezaban las vacaciones. Desayuno: el primer polvorón de la temporada. Y una chispitita de anís. Cada casa es cada casa. Entonces, más que nunca, tres cosas tenía la vida: salud, dinero y amor (y el que tenga esas tres cosas que le dé gracias a Dios). Siempre fue un a modo de imposible metafísico esa conjunción de los astros del deseo de la felicidad completa. Camarón cantaría años después su salud antes que dinero, yo le estoy pidiendo a Dios… Salud es lo que yo quiero. Dinero sin salud no es fortuna; salud sin amor para qué. El dinero sólo como que no, es tan pobre que sólo tiene dinero, aprendimos años después. Esta mañana era la fiesta del primer día sin colegio, la cama calentita, la chispitita de anís y el primer polvorón, a elegir de la caja abierta. ¿Y no pueden ser dos?

No era lo mismo la radio de cuando no había televisión que la televisión a toda pastilla que hay ahora, la radio tiene un plus de magia. Mañana el DIARIO traía todos los números, era un diario-sábana, y se pordioseaba la pedrea, "lo que se había metido", y se volvía a comprobar que otro año nada, el año que viene si Dios quiere. Cuando entonces vivíamos más por el carril, íbamos todos, o casi, por la vereda. Mucho más cuando llegaban estos días, Franco había dado la Extraordinaria y los españoles caminábamos por las mismas ciudades oscuras pero con alguna iluminación, algo era algo.

Esta mañana, entre el soniquete mantenido un poco con fórceps, no es lo mismo pesetas que euros, musicalmente hablando, seguirán diciéndonos de las vacunas, y las cepas que mutan, las estadísticas incansables, las comparaciones entre ciudades, provincias, regiones y países. Vamos por el Caminito del Rey y no debemos mirar para abajo. Entre virólogos, politólogos y tertulianólogos, seguiremos en la incertidumbre de sentar a los hijos a la mesa de la Navidad. Y lo que es, peor: ¡a los nietos! Eso sí, con estas reducciones ignoro el resultado del referéndum de la Nochebuena; saldrá venezolano, que es lo que quiere Iglesias, ¿no?

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