Crónica levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

Huir hacia la cárcel

JOSÉ María del Nido entró corriendo en la cárcel. Aunque el abogado recibió el 16 de diciembre la orden de entrar en prisión, no fue hasta el miércoles 5 de marzo cuando bajó del coche, pegó una carrera y entró apresuradamente en la garita de Sevilla I a la vez que se ponía derecha la gorra con visera del centenario de su club. ¿Qué atemoriza a un hombre para que huya hacia la cárcel? ¿Qué, después de recursos y pleitos para demorar su entrada en prisión, hace que en el último instante corra rampa arriba para buscar refugio a la sombra de la libertad? Una cámara. Del Nido, que se ha prodigado en radios, televisiones y periódicos, que habrá posado cientos de veces, que otras tantas ha buscado la publicidad para redimirse de su pecado ilegal, se asusta ante la cámara, como si el escarnio público fuera peor que la prisión. Y lo es. La imagen de Cuatro vivirá eterna en los archivos. La cámara provoca comportamientos irracionales, alimenta los miedos o libera las vergüenzas. La antigua familia real de Grecia asiste a las honras del rey Pablo al cumplirse los 50 años de su muerte. El príncipe Felipe debe salir en la foto, pero lejos de su hermana Cristina. Y, después, algunos jóvenes de la antigua familia, sonrientes, se hacen su selfie, ese onanismo. Lo cuelgan en Twitter. La imagen crea realidades paralelas. ¿O es la imagen verdadera?

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