La Iglesia en una calle

El gesto sería improbable en otras ciudades. Una calle para un cardenal con panegírico del alcalde socialista

Un acto como la inauguración de la nueva calle Cardenal Carlos Amigo sólo es posible en Sevilla. "¡Y qué calle!", como reconoció el cardenal. La calle es un altísimo honor. No sólo porque pasen por ella más del 70% de las cofradías, según dijo el alcalde, Juan Espadas. Sobre todo es un lugar de privilegio porque está en el corazón de la ciudad y su religiosidad, a los pies de la Giralda, en un costado del Palacio Arzobispal. Es un tramo que pertenecía a la ya recortada calle de Placentines, en la esquina conocida como Matacanónigos, por sus aires traicioneros. Ayer, en una mañana de primavera espléndida, le fue dedicada Matacanónigos a un cardenal, que estaba allí, como testigo, con alegría y gratitud.

El alcalde socialista Juan Espadas ha impulsado la dedicatoria de una calle a un cardenal, e incluso corrigió el expediente cuando el distrito Casco Antiguo le aprobó otra de menos rango. Ese gesto (que honra al Ayuntamiento de Sevilla en general, y al alcalde en particular, por su generosidad) sería improbable en otras ciudades. Una calle para un cardenal, con panegírico del alcalde socialista. Recuerden que seguimos en el momento del Valle de los Caídos, que aquí se traduce por Basílica de la Macarena.

Fue una mañana de detalles generosos. El arzobispo, Juan José Asenjo, siguió al cardenal Amigo en el peso de la púrpura y no tuvo una entrada fácil, como se sabe. Pues Asenjo desgranó ayer un espléndido elogio de su antecesor. Recordó la grandeza de sus obras en la Archidiócesis. No se limitó a favorecer la época de expansión de las cofradías y la multiplicación de las coronaciones canónicas, sino que tuvo un profundo arraigo eclesial. Las nuevas parroquias de los barrios periféricos, el especial interés por Cáritas, las obras patrimoniales en la Catedral, el Palacio Arzobispal y las bibliotecas... Pero también operaciones como el nuevo Seminario y hasta la del hotel Los Seises, así como la restauración de templos históricos tras los acuerdos con la Junta. A todo ello se refirió Asenjo, con elogios a la figura de don Carlos desde la fraternidad y el don de Dios.

En la inauguración de la calle estaban el obispo auxiliar Santiago (un ejemplo de discreción) y algunos de los colaboradores del cardenal Amigo, como José Luis Peinado, artífices ambos de la histórica restauración de la parroquia de San Isidoro. Sacerdotes de antes y ahora, como demostración de que la Iglesia debe ser una y unida, más allá de las sensibilidades. En la calle Cardenal Amigo se queda un tiempo de la Iglesia, que es también, por los siglos de los siglos, un tiempo de Sevilla.

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