¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Iglesias que arden

Estamos gratamente sorprendidos con la rapidez con la que se ha resuelto el extraño caso de San Martín

Estamos gratamente sorprendidos por la celeridad y eficacia demostrada por la Policía Local en resolver el extraño caso de San Martín; ya saben, la pintada ejecutada por unas jovencitas sobre el muro de esta iglesia gótica donde descansa, al parecer en relativa paz, el imaginero Juan de Mesa. El contenido del enternecedor grafiti, "La única iglesia que ilumina es la que arde", nos descubre a unas autoras con un lirismo de corte neroniano que no debería ser ignorado en las futuras ediciones del premio municipal de poesía Hermanos Machado. Personalmente, lo que más nos ha llamado la atención es el extraño anagrama "anarco-feminista" con el que se remataba esta inocente invitación a la piromanía. El garabato nos ha recordado al que figuraba en una vieja y divertida pintada libertaria en la calle Arcos de Los Remedios en los años 70 y 80 que firmaba una misteriosa y autodenominada "Cabra Orgásmica" (¿habrá vuelto?).

Como decíamos, estamos gratamente sorprendidos. En pocas horas, y tras una investigación policial que ni Plinio (el inmortal y sagaz guindilla del Tomelloso creado por la pluma de García Pavón), las autoras materiales de los hechos se han entregado y todo indica que el desagradable incidente se solucionará con un tirón de orejas materno y una de esas sanciones económicas que escuecen más que el yodo en las heridas del verano. La cosa no tiene mayor importancia. Todos hemos sido jóvenes alguna vez y quién no lo fue se lo perdió. Pero, al estilo del juez Calatayud -terror de pillos y gamberros-, proponemos que a las presuntas se les endose algún trabajo social que les haga reflexionar sobre sus muchos pecados. Por ejemplo, se les podría dar uno de esos pincelitos que usan los restauradores para que poco a poco, sin prisas, compaginando esta labor con los estudios, ayuden a limpiar esa película de hollín que ensombrece las bóvedas de la Capillita de San José, un recuerdo de la última vez que a la extrema izquierda le dio por quemar el patrimonio religioso, histórico, y artístico de la ciudad. ¿Qué cuándo fue eso? En los años treinta, con la muy ejemplar II República. Si alguna vez va usted, querido lector y paseante, a un templo y le dicen "en esa pared colgaba antiguamente una obra maestra que desapareció durante un incendio en 1931", no tenga la menor duda de que, mucho antes que la señorita de la pintada, pasó por allí un grupo anarconosequé que también estaba firmemente convencido de que "la única iglesia que ilumina es la que arde".

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