La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ignorancia supina

Tiene razón Lazo: que Cristo resucitó es cuestión de fe, pero los efectos de esta creencia incumben a la historia

Un periódico justifica su lectura no sólo informando con la mayor independencia crítica posible, sino aportando el valor de la inteligencia reflexiva. Es el caso del artículo Resucitó, señora mía, publicado en este diario el pasado domingo por el historiador Alfonso Lazo. Conozco, respeto y leo al catedrático de Historia Contemporánea Alfonso Lazo desde hace muchísimos años: fue el mejor profesor que tuve en la carrera. Lazo fue muchos años diputado del PSOE en el Congreso, representando la pervivencia de esa izquierda intelectual y tolerante de los Fernando de los Ríos, Besteiro, Sánchez Albornoz o Américo Castro que los comunistas llamaban despectivamente la República burguesa o la República con sombrero.

En su artículo el profesor Lazo se dolía de que una periodista de El País escribiera, a propósito de la restauración del Santo Sepulcro, que allí "la tradición cristiana sitúa los restos de Jesucristo". No como creyente, sino como historiador, Lazo le corrige: "Si la tradición cristiana sitúa allí los restos de Jesucristo no habría tumba ni iglesia del Santo Sepulcro ni tradición cristiana ni Papa de Roma ni cristianismo de ninguna clase. Ignorancia supina que pone en evidencia nuestro sistema educativo, ignorante por lo visto de que para millones de cristianos Jesús resucitó al tercer día y no quedan restos que valgan… Una ignorancia también desconocedora de que el cristianismo conforma los cimientos de la cultura viva de Occidente; un cristianismo que en sus orígenes fue la admirable síntesis del mensaje de Jesús, la tradición judía, la cultura helenística, Roma y la creencia en una revelación del Logos". Porque la resurrección de Cristo es cuestión de fe. Pero los efectos de la creencia en ella han determinado durante 2000 años la historia y por lo tanto le incumben como hecho objetivo.

Correspondo al artículo de mi antiguo profesor ofreciéndole, a él y a ustedes, estas coincidentes palabras de Pasolini: "Yo no creo que Cristo sea hijo de Dios, porque no soy creyente. Pero creo que Cristo es divino: es decir, creo que en él la humanidad es elevada, rigurosa, ideal. [...] Soy anticlerical, pero sé que hay en mí dos mil años de cristianismo. Con mis antepasados construí las iglesias románicas, y luego las iglesias góticas, y luego las barrocas; ellas son mi patrimonio… Sería un loco si negase tal poderosa fuerza que hay en mí".

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