Azul Klein

Charo Ramos

chramos@grupojoly.com

Imagen de Sevilla

Ortiz logró que esta ciudad pareciera más elegante y musical a través de sus carteles para el Maestranza

Manolo Ortiz es un artista que ha realizado la mayor parte de su carrera en el ámbito del diseño gráfico, donde ha llegado a ser reconocido con varios premios nacionales, y también, aunque con menor frecuencia, en la ilustración. Desde 1995 ha aportado una visión contemporánea a la imagen gráfica del Teatro de la Maestranza, buscando una coherencia visual entre los distintos espectáculos y, al mismo tiempo, creando un universo diferente cada temporada donde ha dado salida a su interés por influencias tan diversas como el expresionismo abstracto y sus campos de color, la obra de William Kentridge o los grafismos de Saul Bass, el gran maestro de los títulos de crédito (Vértigo, West Side Story...).

Le gusta partir de elementos simples para llegar a soluciones complejas y su línea clara, contenida pero no exenta de humor, ha sido la imagen de Sevilla que durante más de dos décadas ha saludado a locales y visitantes desde la fachada del Maestranza o desde muchas de las banderolas colgadas por instituciones como el Ayuntamiento o la Diputación en el Paseo de Colón.

Por decisiones tan legítimas que no vamos a perder el tiempo en cuestionarlas, el nuevo equipo del Maestranza ha decidido contar con otra empresa. Como desde hace diez años todos los estudios de diseño españoles están en crisis, es de suponer que la decisión haya hecho mella en la economía de una firma pequeña que ha centrado gran parte de sus esfuerzos en la casa de ópera más importante de Andalucía. Y me gustaría creer que, como le ocurriera a Manolo Cuervo, la caída de los encargos para realizar folletos, grafismos y pictogramas traiga como feliz contrapartida la mayor dedicación de Ortiz a su obra personal, pues este gran dibujante e ilustrador ama el oficio con la serenidad suficiente para tomárselo en serio sin reírle las gracias al mercado y sus oscilantes demandas.

Su vínculo con el Maestranza, tal vez por la importancia que en él juega la música, recuerda a la alianza que desde hace años mantienen el compositor Alberto Iglesias y el director Pedro Almodóvar. Iglesias le ha dado a las películas del manchego una textura y una presencia tan compleja que a veces trasciende su trabajo para convertir en bondades cualquier posible altibajo del guión o el montaje. Ortiz también logró que Sevilla pareciera más elegante y musical, y que óperas que no seducían a priori encontraran en su talento la mejor carta de presentación en forma de cartel.

Paseando por el centro de esta ciudad, donde cada vez se abren más hoteles y comercios de gusto dudoso, echo de menos la visión refinada de los creativos y diseñadores que, como él, han sabido acuñar, año tras año, una imagen de Sevilla de la que sentirnos orgullosos y en la que podíamos reconocernos.

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