Visto y Oído

Antonio / Sempere

Informativo

CREO que le debo una disculpa a Miguel Ángel Oliver. No soy tan importante como para que se dirijan a mí, pero precisamente el día después de que publicase una columna en la que criticaba con más dureza de la habitual que los informativos se hayan convertido en puro espectáculo, en pura carnaza, Miguel Ángel concluyó el suyo con un rictus muy serio, mirando a cámara, y pronunciando una frase tan lacónica como contundente. "Hacemos los informativos para quienes quieren estar informados".

Reconozco que me sentí interpelado. Que en un instante hice examen de conciencia y reconocí el ímprobo trabajo que lleva poner a punto la edición de uno de estos informativos para que todo esté en su sitio a la hora convenida. Por supuesto que se cometen excesos. Y puestos a hacer balance de lo visto y oído durante el verano, está claro que asuntos como el de Morate, su huida a Rumanía, y los días después a los crímenes de Cuenca se sobrepasaron varias líneas rojas, a base de morbo y sobreexposición.

Pero no es menos cierto que en algunos de las redacciones, como es el caso de la que coordina Miguel Ángel Oliver en Mediaset, casi siempre prima la cordura.

El otro día, cuando el desafortunado suceso del pobre Aylan, jornada en que el informativo de Cuatro quedó reducido a su mínima expresión a causa de una retransmisión del europeo de baloncesto, Oliver se creció y puso en escena uno de los ejercicios de periodismo más intensos vistos por este cronista en mucho tiempo. Supo estar a la altura de las circunstancias. Y en apenas diez minutos lideró un informativo de esos que vale su peso en oro. Por regla general tiendo a valorar públicamente productos como los que cada noche nos ofrecen los compañeros de La 2 noticias.

Justo es reconocer ante ustedes que, en las privadas, también hay profesionales de primera.

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