La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Jamás un noviembre tan enlutado

Cuando la tarde cae y el sol huye por la cornisa hay ciertos oasis donde defenderse de esa soledad no deseada que llega de la mano de las restricciones horarias. Se cierran los bares y continúan abiertas las iglesias como cobijo de gente que no sabe qué hacer, dónde ir. Se desertizan las calles, son pocos los que deambulan sin rumbo y como con la única intención de hacer tiempo hasta la hora de la cena en casa, por supuesto que en casa. Pero las iglesias siguen abiertas y se han constituido en especie de cuencas receptoras donde ponerle una vela a Dios y otra a la Virgen. Y así, en estas atardecidas de pandemia y crujir de dientes, el Señor nunca está solo, siempre ahí, con su cruz a cuestas a la escucha de las más variadas peticiones. Como está su Madre allá junto al Arco, toda vestida de negro, como en cada noviembre, pero en un noviembre más negro que ningún otro.

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