El balcón

Los Juegos, como la vida

En Tokio hay competición deportiva. Pero también espectáculo, negocios, salud, política y víctimas de abusos

Nos fascinan los Juegos Olímpicos. La competición y la incertidumbre sobre el resultado. Tanto que soportamos con estoicismo el síndrome fan de los cronistas de televisión, y sus letanías ¡se están dejando la piel!, ¡lo está dando todo! Y nos sorprende que los deportistas no sean máquinas. Nos deja atónitos la crisis de ansiedad de Simone Biles, la gimnasta norteamericana a la que antes de empezar le adjudicaban seis medallas de oro, dada su maestría con los aparatos y el precedente de cuatro oros en Río.

El suyo es un drama oculto tras el éxito. Hija de padres drogadictos, adoptada por su abuelo, abusada por el médico de la Federación de Gimnasia de su país, exigida por seguidores, autoridades deportivas, patrocinadores y agentes... El New York Times contaba estos días una anécdota ilustrativa. Antes de salir para Tokio le preguntaron por el momento más feliz de su carrera y contestó: "tal vez mi tiempo libre".

Nos emociona la sana alegría de la joven Adriana Cerezo cuando figuras mundiales como Nadal o Gasol que son sus ídolos la felicitaron por su medalla de plata en taekwondo. Y la naturalidad de esta madrileña al declararse seguidora del Barça. También impresiona la serenidad con la que la donostierra Maialen Chourraut afrontó la bajada de las últimas competidoras desde el podio provisional creado para dar espectáculo. Plata, oro y bronce, en los tres últimos Juegos, cuando le preguntan si es una leyenda responde: "No, yo soy Maialen a secas; podemos decir que soy la piragüista, una persona normal y corriente, que le gusta la vida normal". Y una madre orgullosa que hace guiños a su hija Ane.

Como también es un padre feliz de su hijo Marco el ciclista David Valero, tercero en mountain bike. Cuando lo llaman de Radio Nacional y lo felicitan, él contesta humilde "muchas gracias" con un inconfundible acento granaíno. (¡Qué riqueza de acentos andaluces!). Las tres primeras medallas nacionales dibujan el mapa de España de norte a sur, País Vasco, Madrid y Andalucía. Faltan de este a oeste y las islas. Para eso habrá que esperar a los deportes de equipo o al atletismo, en el que destacan como figuras varios inmigrantes.

También hay en Tokio una guerra fría por la victoria en el medallero, una batalla ardiente contra el Covid y mucha diplomacia: se castiga a Rusia por su sistema institucionalizado de dopaje, pero se deja participar a sus federaciones. Espectáculo, negocios, política, abusos, salud. Como la vida misma.

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