coge el dinero y corre

Fede / Durán

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LAS elecciones federales alemanas se celebrarán el 27 de octubre de 2013. Angela Merkel, canciller actual, optará a su tercer mandato consecutivo. Conforme el olor a combate se intensifique, cada partido abusará de la Táctica de la Golosina (TG), universalmente consistente en atiborrar de promesas al votante. Pero Merkel y su socio del FDP, Philipp Röster, cuentan con una considerable ventaja sobre el resto: como ellos son el Gobierno y disfrutan del privilegio del poder ejecutivo, pueden recurrir a la TG antes de tiempo para sembrar su camino de rosas (o mejor de tilos, que los Bundes -tag y rat- están en Berlín).

A partir del 1 de enero, ejercitando sin complejos ese poder -ejecutivo y gominolero-, Alemania instaurará una doble ayuda familiar: los padres que renuncien a mandar a sus hijos de entre 1 y 3 años a la guardería recibirán hasta 150 euros mensuales. La denominada Prima del Fogón incentiva así la teleducación, que es una suerte de teletrabajo aplicado al circuito progenitores/descendientes.

Criar a los niños en casa, sobre todo a los más pequeños, conllevará una importante ventaja para aquellas parejas con dificultades económicas. El mercado laboral germano presume de población activa y escasa tasa de paro (en ambos casos con razón), pero oculta a menudo el gran costurón de la precariedad (más de 7 millones de personas con ingresos que rondan los 400 euros). Es precisamente este colectivo, sometido al pan seco del kurtzarbeit (contrato a tiempo parcial) o el minijob, el que aceptará de mejor grado la golosina. Y no sólo por el dinero; también porque son justo las personas con más tiempo libre.

Si las miradas viran hacia el otro perfil mayoritario, la cosa cambia bastante. Una pareja en plenitud profesional (dos sueldos de nivel medio-alto y horarios semanales estándar) no verá sentido a la jugada: en el cambio de un estatus activo a otro subvencionado se pierden demasiados recursos. El espíritu de la iniciativa pone precisamente en la balanza ambos factores (euros y familia) con una lectura diferente: tutelar los primeros pasos de tu vástago no tiene precio. Probablemente sea cierto. Pero es un planteamiento discutible por una razón fundamental: en el fondo, e incluso tratándose de una sociedad menos machista que el promedio de un país latino (no digamos ya que uno musulmán), la presunción de que la carga del tutelaje recaiga sobre la mujer está más que fundada. La idea de la Merkel recuerda demasiado la redistribución de roles recogida en el programa nazi de Hitler (y relatada por Chaves Nogales en su recopilatorio Bajo el Signo de la Esvástica): la triple K de los Kinder, Küche, Kirche, o en castellano niños, cocina e iglesia. Curiosamente, también mama del cheque-bebé de 2.500 euros diseñado por el ex presidente más invisible de la historia española, José Luis Rodríguez Zapatero. Y esa conexión bidireccional es perturbadora porque evoca lo peor de Alemania y España, una con su pasado miope, retrógrado y destructivo, y la otra con su (cuasi) presente derrochador. ¿No era el déficit bajo control la vaca sagrada de esta Europa?

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