Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Kilos

LO contaba por estas páginas el historiador gastrónomo Miguel Ángel Almodóvar cuando evocaba a los gitanos espigados y juncales de las coplas tradicionales. Ahora la obesidad campa en las clases humildes por la mala alimentación. Se come más que en las generaciones pasadas. Pero también se come peor. El sobrepeso es un azote más del siglo XXI, el despilfarro en recursos, y sobre todo en salud, de una población que peca de sedentaria y que se atiborra de viandas hipercalóricas. La tele, aunque no sea responsable de todos nuestros males, también tiene su ración de culpa en este abuso de grasas y sofá.

Los participantes de La báscula forman parte de nosotros, son nosotros mismos, y Canal Sur los pone a vigilarles las ingestas, a hacer flexiones y a recorrer senderos. Gente de la calle dispuesta a dar ejemplo, lo que es un buen empeño por parte de la pública, aunque caiga a gusto en la tentación de reconvertir momentos del programa en un Sorpresa, sorpresa, un lacrimógeno talk show de testimonios y hasta en una gala musical con su correspondiente tonadilla. La letra 'c' de la mosca parece actuar de imán para que cualquiera que se asoma a Canal Sur termine entonando algo.

Ni formato ni tratamiento podrían entusiasmar, pero pensando en el público mayoritario al que va dirigido hay que admitir que es una propuesta interesante que une divulgación y entretenimiento, con didáctica tan básica y tan evidente que no deberíamos dar por sabida. Es útil y ejemplarizante, aunque dé risa ese tono de intriga cuando se suceden los kilos. El chef Enrique Sánchez, juncal, barbado y sonriente, ejerce de acertado anfitrión sin aparentar nada más. Sólo con su aportación La báscula ya tiene parte de su recorrido cubierto con dignidad.

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