Azul Klein

Charo Ramos

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Lealtad

Guirao encarna lo que tanto escasea: el trabajo silencioso y una vocación por España superior al interés partidista

Cuando se presentó al que sería su equipo en la sede del Ministerio de Cultura y Deporte les avisó: "Uno comienza a despedirse el mismo día que lo nombran para el cargo". Pero nadie imaginaba lo premonitorias que serían las palabras de José Guirao, la ausencia incomprensible en el nuevo Gobierno de coalición de Pedro Sánchez si obviamos encajes políticos y territoriales y nos atenemos a la competencia para el puesto y la diligencia en el servicio. Guirao, licenciado en Filología Hispánica que ocupó en sus inicios políticos distintos cargos en Andalucía (debutó en 1983 en la Diputación de Almería y en 1988 fue nombrado director general de Bienes Culturales de la entonces Consejería de Cultura y Medio Ambiente), supo solucionar la complicada papeleta que a Sánchez le ocasionó el fugaz mandato del escritor Màxim Huerta. Persona amante de la segunda fila, respetuosa con los creadores, a los que prefiere ceder el protagonismo público, Guirao no ha tenido tiempo de dejar en su año y medio en el cargo una ley que le recuerde para el futuro pero su agenda ha sido frenética y ha sembrado lo suficiente como para que en muchos lugares de España -incluida Sevilla- se asocie su figura a la lealtad institucional y a la obligación de anteponer la vocación de servicio público a las siglas políticas. Ni siquiera en Cataluña, donde el Estado participa generosamente en programaciones culturales como la del Teatro del Liceo, y donde Guirao tenía previsto aumentar las dotaciones de las fundaciones Miró y Tàpies, se le podrá acusar de no haber pensado en beneficio de todos.

El día de la entrega de los Premios Goya en Sevilla, en el que debutaba en la alfombra roja el nuevo presidente Juanma Moreno, Guirao llegó temprano a la capital andaluza para visitar con la consejera Patricia del Pozo el Museo Arqueológico, en cuya renovación garantizó la implicación del Ministerio. El compromiso se selló con una cerveza en el Parque de María Luisa. Muchas veces, y no sólo en la batalla, debe preocuparnos más el fuego amigo que el bando contrario. Patricia del Pozo explicitó, cuando anunció el cierre del Arqueológico para proceder al inventario y almacenamiento de las piezas con vistas al inicio en 2021 de la intervención arquitectónica, que nada de esto hubiera sido posible sin la mediación del ex ministro. Aún me sorprende la frialdad del presidente Sánchez en la toma de decisiones. Puede que algún día, cuando se aprueben las normas que dejó avanzadas, desde el estatuto del artista a la reforma del Inaem y la ley de mecenazgo, se recuerde el buen clima que supo crear a su alrededor este almeriense de Pulpí que, en la hora de la salida, se lleva también el cariño de sus adversarios políticos y, por supuesto, la fidelidad de unos equipos que llevan años junto a él y nunca le han fallado.

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