La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Una Ley Seca a medias en Andalucía

Moreno todavía no da el paso de cerrar los bares, como sí hace el socialista Espadas una noche al año en Sevilla

Una Ley Seca a medias en Andalucía Una Ley Seca a medias en Andalucía

Una Ley Seca a medias en Andalucía / M. G. (Sevilla)

Mucho nos tememos que no basta con la prohibición de la botellona para impedir la aglomeración de jóvenes en las noches de este verano pandémico. Todos recordamos avenidas y calles de localidades costeras y de interior atestadas de público juvenil cuando no había botellona, una práctica que cogió fuerza en el caso de Sevilla a raíz de la Exposición Universal. Intuimos que el Gobierno andaluz no se atreve a cerrar los bares, como sí hace el socialista Juan Espadas cada Madrugada de Semana Santa, cuando se aplica una suerte de Ley Seca para blindar la noche más hermosa del año contra la acción de los borrachuzos.

Es tal la crisis del concepto de autoridad, a la que han contribuido todos los agentes sociales desde hace años, que ahora hay que tomar medidas extremas, como se hizo en Sevilla a raíz de que la gente saliera corriendo como gamos despavoridos cuando se trataba de contemplar procesiones. Si no son capaces de meter en cintura a los jóvenes en sus casas desde pequeños, con la enseñanza de valores y pautas de comportamiento, ¿quién pretende ahora que lo hagan? ¿Los políticos? Esperen a que conectemos las risas en off, ¿dónde está el botoncito? Los mismos dirigentes que nos prometían botellódromos con el envoltorio de actividades lúdicas (más risas en off), son los que ahora están tratando de poner límites a ese ocio nocturno que en realidad es incivismo temerario.

No podemos exigirle a la clase política que haga lo que los papás no han hecho en casa. Una cosa es educar y otra hacer que se cumpla la normativa. De casa se sale educado y a ser posible duchados. Del botellódromo a la Ley Seca... a medias. Somos el país de los continuos pendulazos.

Pasamos de un extremo a otro, como los patos del Parque de María Luisa cambian de orilla continuamente. Los bares volverán a ser lo que fueron y estarán la mar de contentos con la prohibición de la botellona. Ganarán más y las concentraciones serán a las puertas de los establecimientos, como siempre fueron. A ver quién les quita los bares a los jóvenes durante todo un verano. Una cosa es una noche de Semana Santa y otra un mes de agosto entero con su cuadrilla del mes de septiembre y el inicio de curso. Puestos a prohibir, la Junta podría haber prohibido el calor, la sal en los aliños o la cerveza en vaso de plástico.

Estoy viendo a Elías Bendodo proclamar desde el balcón de San Telmo: "Annuntio vobis gaudium magnum... ¡Prohibida la botellona!". Y truena la ovación de todos los empresarios de la noche. ¡A las barriladas, a las barriladas, que ya no hay barricadas!

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