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Todo empezó como en la lucha grecorromana; normas, estatutos, dos vueltas..., prohibidas las malas artes. Las primarias más democráticas. Pero hay mucho en juego. No el futuro de España, ni el del PP, sino el porvenir de sus dirigentes; gente que se juega su empleo. Desde Málaga, Elías Bendodo presagia la victoria de Soraya Sáenz de Santamaría y conmina a los compromisarios partidarios de otros contendientes a sumarse a la lista ganadora con un argumento de doble uso, integridad. La palabra tiene una acepción provechosa; que el partido evite prescindir de alguna de sus partes. Y otra que se presta a interpretación maliciosa. La integridad es la cualidad de una persona recta. ¿Es intachable el currículo académico de Casado? ¿Es esa la insinuación?

En todo caso, en el campo académico SSS arrasa al joven vicesecretario, aun dando por buenos los diplomas universitarios del palentino. Pero el candidato más conservador tampoco ahorra maledicencias. No le gusta cómo se gestionó el asunto catalán, responsabilidad directa de la ex vicepresidenta. Por ejemplo, que no se interviniese la TV3. La tecnócrata vallisoletana con enorme desahogo contestó en Antena 3 a la invectiva: dijo que no se hizo porque no querían PSOE y Ciudadanos. Lo primero es cierto y lo segundo falso, pero qué más da.

El jefe del PP en Andalucía, Moreno Bonilla, está entusiasmado por su triunfo personal. El éxito de Santamaría con su apoyo le garantizaría una buena carrera interna en el PP, que compensase el fracaso que le auguran las encuestas en las inminentes elecciones andaluzas. Juanma ha sido menos sutil que otros en su intimidación a Casado. Presa de la ansiedad, sostiene que no se puede construir un proyecto político en el Partido Popular en contra del PP andaluz; o sea, contra él. Y añade que hay un mandato de los afiliados para que haya una lista única. Esto se lo inventa. Moreno sencillamente propone violar los estatutos de su partido con sólo el 37% de las opiniones.

Buscan una coherencia imposible. Por un lado, el PP critica los pactos de perdedores y propugna que gobierne la lista más votada. Y por otro, desde el Gobierno de Rajoy se dijo a los soberanistas catalanes que las normas de Constitución, Estatut y Reglamento del Parlament había que cumplirlas. Y ahora, con los nervios del momento, hay quien exige el incumplimiento de las dos vueltas que marcan sus estatutos. Los sorayos esgrimen que los compromisarios no pueden votar distinto que los afiliados. Casado sugiere que voten de nuevo los afiliados, pero le responden que eso va en contra de los estatutos.

Con este forcejeo se llegará al congreso el próximo fin de semana. Y en la recta final ya no hay norma que valga; estamos en la fase de amenazas, mentiras y cintas de vídeo. De la grecorromana se ha pasado a la lucha libre. En la guerra sucia vale todo. Curioso. Albert Camus sostenía que la integridad no tiene necesidad de reglas. Será un sarcasmo la coincidencia.

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