La ciudad y los días

Carlos Colón

Luz primera en una tarde oscura

ESTÁ quieta la ciudad, como suele cada día de la festividad de la Madre de Dios y del inicio del quinario del Señor. Empieza el año, para muchos de nosotros, por San Lorenzo y la Resolana. Uno de enero: primer día de quinario del Señor y festividad de la Madre de Dios (y todos sabemos a quienes se refiere el pueblo soberano, sin por ello ofender a otras devociones, cuando dice el Señor y la Madre de Dios). Dos de enero: segundo día de quinario del Señor y festividad de San Basilio, santo partero de la hermandad de la Esperanza que nació, allá por 1595, en el convento que los Basilios tenían en la collación de Omnium Sanctorum. Tres de enero: tercer día de quinario y función en el Tiro de Línea -tan lejos, tan cerca de la Resolana y San Lorenzo- en honor de Genoveva, la santa que dio nombre a la parroquia y a la hermandad ahijada del Gran Poder y la Macarena.

Está quieta la ciudad, decía, en esta mañana del primer día del quinario del Señor y de la festividad de la Madre de Dios. La lluvia ha lavado las huellas de la noche de San Silvestre. Espejean los suelos mojados y brillan las hojas con un limpio verde oscuro. El cielo está apretadamente gris. Hay pocos paseantes: turistas, padres de niños que no dan tregua y matrimonios mayores que van a misa cogidos del brazo. Más desiertas aún se quedarán las calles cuando en las primeras horas de la tarde la luz se debilite, las ventanas se enciendan antes de la hora habitual y una lívida Giralda se recorte sobre un cielo amenazadoramente negro.

En ese momento oscuro, callado y quieto veo pegados a los lados de la puerta ojival de una iglesia -alfa y omega- los decretos del principio y el fin de la Navidad sevillana: la convocatoria del besamanos de la Esperanza Macarena y la del quinario del Señor del Gran Poder. Siempre Resolana y San Lorenzo: en la primera empezó, el 18 de diciembre, lo que terminará en la segunda el próximo seis de enero. Y será precisamente allí, en San Lorenzo, donde nacerá la luminosa intuición de nuestro éxodo hacia la tierra prometida de la luz, el incienso y la tibieza cuando, durante la procesión claustral que culmina la Función Principal del Señor, el repique de la campana de la Basílica de San Lorenzo invoque la luz creciente que ya va ganando, tarde tras tarde, minutos a la noche.

Ayer se encendió por primera vez el altar de quinario del Señor del Gran Poder, cirio pascual de la piedad sevillana. En él se prenderán todos los cirios de los altares de triduos, quinarios, septenarios y novenas que a través de enero, febrero y marzo nos guiarán hacia la luz de la Semana Santa.

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