La ventana

Luis Carlos Peris

En Madrid nació un nuevo tipo de pregón

SOBRE el atril, sus manos, sólo sus manos. A falta de lujosas pastas repujadas repletas de folios que sólo con ver su volumen mira uno el reloj, el pregonero no llevaba un solo papel. Se sacudió los nervios poco a poco, muy poquito a poco y yendo sobre los pies para desgranar un pregón sui géneris para que desde ya tengamos que dividir los pregones entre normales, los de toda la vida, y moeckelianos. Acompañado de una cuadrilla tan breve como competente, con su padre, don Otto, en el callejón con el fundón en perfecto estado de revista y Pacorrobles al loro de cuanto necesitara el matador, Joaquín Moeckel pregonó la Semana Santa a la vera de la Nunciatura, a tiro de piedra de la Cava Baja. Sin un solo papel y ni un solo ripio, el racial abogado baratillero creó un nuevo estilo de pregón. Muy a tono con la cruda realidad que vivimos, con alguna cita de culto, dicen que sorprendió y, a algunos, hasta muy gratamente.

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